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domingo, febrero 28, 2010

La tarde de los giles

Sábado por la tarde, momento de sagrado descanso para los cuencanos que han trabajado y estudiado duro durante la semana. Impresionados por el terremoto de Chile, muchos miran la transmisión estupenda de la televisión del hermano país. La cartelera de espectáculos de Christiano Ronaldo y Lionel Messi en Real Madrid-Tenerife y Barcelona-Getafe, pasa a segundo plano.

De pronto, las grandes cadenas norteamericanas anuncian que el tsunami, consecuencia del sismo, llegará con sus olas gigantes a las costas de Hawai a las 4 de la tarde. Twitter y Facebook convulsionan. Los smartphones y sus aplicaciones encuentran a arriesgados y avivatos que han colocado cámaras y transmiten por internet las imágenes de las playas y el mar. El mundo contiene la respiración y con morbo espera ver en vivo y en directo la destrucción de las islas.

Llega la hora, pasan los minutos y las tomas de las soleadas playas y del mar no cambian. Una hora después, el telonero del "2012" es una gran decepción. Nada, ni una olita decente para los arriesgados, léase presuntuosos, surfistas que burlaron la vigilancia. Ante semejante fiasco, CNN cambió el enfoque a Chile para disimular el bochorno.

Los azuayos que nos aprestábamos a ver, por primera vez, el reality de una enorme catástrofe natural, nos acordamos que hace unos 25 años ya vivimos algo parecido cuando anunciaron -boca a boca y teléfono a teléfono- un terremoto a las 3 de la mañana. La recordada "noche de los giles", versión criolla de "La Guerra de los Mundos" de Orson Welles.

Los que nos quedamos esperando la inundación de Hawai al final tuvimos la punitiva compensación de soportar la alevosa tormenta y granizada que volvió a inundar las casas, calles y sembríos. Bien hecho por noveleros.

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José Edmundo Maldonado (1937-1995), maestro del periodismo azuayo, dejó para la posteridad aquel evento denominado "La Noche de los Giles", una pieza maestra de la redacción que a continuación la reproducimos:

La noche de los giles

¿A dónde van médicos, carpinteros, odontólogos,
profesores, cocineras, monjas, estudiantes, diputados,
abogados, periodistas, mecánicos, panaderos, zapateros,
poetas, novelistas, noveleros, borrachos, exborrachos,
desocupados, taxistas, cargadores, damitas, las que
sabemos, caballeros, el clero secular y regular, motociclistas,
policías, soldados, comerciantes, industriales? ¿A dónde van
envueltos en ponchos, cobijas, sábanas, colchas, sabanillas,
bufandas, toallas, casacas de ir al Cajas, pasamontañas,
gafas de soldar autógenas, calentadores, ropa de campaña,
termos con café puro, guaguas envueltas al apuro, niños
llenos de mal genio como el gordo Torbay, perros asustados,
gatos apurados, muchachas de manos llenas de chalinas de
los indios otavaleños?

Van a ver el terremoto anunciado para las tres de la
mañana, pero como la hora es cuencana ha quedado para
las tres y media, de acuerdo a los comunicados, comentarios,
rumores, chismes, habladurías, decires, noticias, locutores,
emisoras. El miedo acaricia los pelos, las barbas, -hasta de
los lampiños-, las trenzas, los zapatos de los morlacos que
se encaminan sin rumbo cierto, los que viven arriba van para
abajo, porque allá no hará mucho daño el terremoto, los que
viven abajo van para arriba porque a las alturas no llega el
terremoto. Los ubicados en el parque Calderón huyen de
pronto, porque en el lugar hay huecos profundos de donde
salen los gagones, el cura sin cabeza, la caja ronca, el farol
de la viuda y otras alajas novedades, válidas para asustar a
los giles cuyo número exacto ya conocemos: ciento cuarenta
y ocho mil doscientos cuarenta y tres cuencanos y medio.

Muchos antes de salir de las casas cortan las líneas
del teléfono, porque así han dicho los bomberos, otros dejan
matando a los cuyes y a las gallinas, aquellos sacan loa velas
para los tres días de oscuridad, éstos llevan los ramos y los
romeros benditos para quemar en cuanto comience el
terremoto, mientras rezan “Santa Bárbara doncella líbranos
de la centella”. El pecador reza: Señor mío Jesucristo Dios
hombre y verdadero, pero se olvida y confunde la oración
con el Credo y luego con el Yo Pecador y acaba gritando la
parte final del Padre Nuestro. Rugen los altoparlantes de las
ciudadelas, pidiendo a todos abandonar las casas, las villas,
las camas para dirigirse hacia las llanuras, los valles, las
planicies, mientras el frío cala los huesos y la neblina hace
de Cuenca un pueblo parecido a Chunchi.

Lloran las monjas, lloran los hombres, -aunque los
hombres nunca lloran-, lloran los pobres, lloran los ricos,
porque los ricos también lloran. Terror, temblor, miedo,
chirichis, agua de toronjil, abrazos de despedida, perdonada
de deudas, recomendaciones, sacarás los dólares debajo
del colchón, esconderás la televisión debajo de la cama, en
el forro del abrigo están los mil que eran para el chupe del
sábado, abre el atún de la despedida, porque dicen que para
morir se debe comer bien, un por si acaso en el infierno
demoren la comida como en la villa bolivariana. Todo es
confusión, carreras, desorden, desfile, se encienden los
faroles, se prenden las ceras, se queman los ramos, se
quema el romero, se canta perdón oh Dios mío, perdón e
indulgencia, perdón y clemencia, perdón y piedad, pequé ya
mi alma, su culpa confiesa, mil veces me pesa de tanta
maldad, salve dolorosa y afligida madre salve tus dolores y a
todos nos salven.

Son las dos y quince de la mañana, faltan tres cuartos
de hora para el terremoto, que lentas pasan las horas, los
minutos, los segundos. Sollozan los niños, ladran los perros,
fuman las pipas. Las dos y treinta de la mañana y nada.
Qué pasará de noche, no hay mañana que no haya en el
jardín rosas difuntas, sobre estas cosas mi querida hermana,
porqué a nuestro Señor no le preguntas, pasemos esta noche
en la ventana, los ojos fijos y las manos juntas, para saber
mañana de mañana, porqué hay en el jardín rosas difuntas.

Las dos y cuarenta y dos, señores y señoras faltan dieciocho
minutos para el terremoto, profetizado por Mariana de Jesús,
cuando los pueblos no hagan nada contra los malos
gobiernos. Temblor, pavor, crujir de dientes, nos piernan las
tiemblan, cunde el pánico. Faltan dos minutos para las tres,
se ponen en cruz los ateos, se hincan los comunistas, se
santiguan los socialistas, se golpean el pecho los del MPD,
se ríen los curuchupas, pero de miedo.

Las tres, el terremoto no llega, seguro no hay
presupuesto porque todo se ha gastado en los décimos
juegos bolivarianos. Así es con Cuenca, ni un terremoto bueno
puede tener, fuera para Ambato ya llegara uno para dejar
cincuenta mil muertos y Pelileo hecho ruinas. Las tres y cinco
y sólo el frío hace más amarillo los rostros de todos los
morlacos, hombres, mujeres, ancianos, niños. Las tres y
cuarto y claman los locutores, no es cierto, no es verdad,
hay error, mentira, falso, quién dice, no hagan caso, lata no
más era, al saber le llaman leche, somos giles, a la bio, a la
bao, a la bim bum bam, terremoto, terremoto no habrá.

Cuatro de la mañana, quién tiene miedo carajo, yo no
me asusté, me estaba riendo, sabía de antemano que era
mentira, los terremotos no se profetizan, estuve en la calle
por nota. Desaparecen los nerviosos, los asustados, los
temblorosos y se multiplican los valientes. Centenares de
tarzanes, supermanes, kalimanes, kingkones, gilmanes en
lugar de giles. Se multiplican los audaces, los temerarios,
las mujeres maravillas, los fuertes, los integrantes de la
brigada, los nervios de acero. Nos encontramos con Rambo
I y Rambo II, en calles y avenidas están Rocky I, Rocky II y
Rocky III. Los ateos recobran los colores y niegan a Dios,
pero todavía las quijadas se mueven como de los esqueletos.

No olvidaremos la madrugada del lunes anterior, cuando
todos a una estuvimos de acuerdo en que no hay brujas
Garay, pero que de haberlas hay.

domingo, febrero 21, 2010

¿Por qué entrar gratis al estadio?

Carlos Víctor Morales es un periodista deportivo muy conocido en nuestro país. Sus comentarios se difunden por radio y televisión. Sus opiniones son seguidas por miles de personas. Su declarada militancia por Barcelona no parecería afectar la objetividad de lo que dice. En dos décadas de periodismo se ha hecho un hueco en la opinión pública del popular deporte.

Hoy, Carlos Víctor Morales es el centro de una controversia con los dirigentes de Barcelona. Sus recientes comentarios no les cayeron bien a los mandamases del club de fútbol más popular del Ecuador. En rechazo al periodista, decidieron retirarle su pase gratuito al estadio Monumental Banco Pichincha.

Morales con cámaras detrás acudió el día del partido. No le dejaron pasar. Y entonces denunció que se trataba de un atentado a la libertad de expresión. Recibió el respaldo de sus colegas, tuvo que comprar el boleto para acceder al escenario y realizar su actividad profesional.

Una de las malas costumbres de medios y periodistas que se dan en los eventos deportivos, culturales o de espectáculos es la de exigir entradas gratuitas para realizar la cobertura profesional. Esto se da aquí y en casi todo el mundo. Pero, en realidad, si no hay entrada o se la niegan, no debería hacerse tanto problema y alboroto. La solución es fácil: páguela y listo.

Además que Carlos Víctor Morales no necesita que le regalen entradas. Gana bien, de hecho. Más grave sería que el club le pague los pasajes, los viajes o, quien sabe, algo más. O algo peor que también se ha dado en Guayaquil: entregar a algunos comunicadores, no uno, sino muchos boletos, como forma de pago por sus comentarios favorables. Ahí también encontramos una de las causas de la decadencia barcelonista: mudos ante lo criticable y panegíricos con los dirigentes.

No debemos criticar o calificar como atentado a la libre expresión estas actitudes. Que el medio o el comunicador paguen su acceso a los eventos no empobrece ni enriquece a nadie. Perdón, sí enriquece algo: el nombre del periodista.

(foto: últimas noticias)

sábado, diciembre 13, 2008

¡Salud, Señor Presidente!

Son las ocho y media de la noche del sábado por la noche. Por un costado de la zigzagueante carretera que une Paccha con Cuenca, con gran esfuerzo y a duras penas, un chico de unos doce años sostiene y conduce a su hermano mayor que no pasa de los quince. Su tambaleante caminar y mirada perdida descubren la calamidad familiar del alcoholismo. Ese niño que hoy carga el peso muerto de su ser querido y la vergüenza inocente, mañana está condenado a repetir la conducta de su padre, sus abuelos, sus tíos y sus hermanos mayores. Ese código del vicio que manda, permite y denigra, que arrastra a muchos a una vida miserable e improductiva.
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Hace un par de meses, el presidente Correa, durante su acostumbrada cadena de los sábados, previno a la radio y televisión ecuatoriana que iba a prohibir la publicidad de bebidas alcohólicas y cigarrillos. El pasado jueves 11 de diciembre el Consejo Nacional de Radiodifusión y Televisión, CONARTEL, lo resolvió así.

La resolución contempla la veda de los avisos publicitarios en el horario de seis de la mañana a nueve de la noche. Se basa en el artículo 19 de la nueva Constitución que “prohíbe la emisión de publicidad que induzca a la violencia, la discriminación, el racismo, la toxicomanía, el sexismo, la intolerancia religiosa o política y toda aquella que atente contra los derechos”. También la Ley de Radiodifusión y Televisión y su Reglamento; así como el Reglamento de la Ley de Defensa del Consumidor demarcan esta proscripción.

La realidad, hasta ahora, contemplaba esta restricción pero solo para la televisión. Es decir, la única afectada es la radiodifusión. Por alguna razón desconocida, pese a los obstáculos legales, se permitió transmitir esta publicidad en tv en transmisiones deportivas especiales, así como de bebidas de bajo grado como la cerveza, durante el horario familiar.

La resolución es apropiada pero, por ahora, puede parecer discriminatoria. ¿Por qué solo la radio y la televisión? ¿Por qué no se prohíbe también la publicidad de alcohol y cigarrillos en los periódicos, revistas, vallas, afiches, buses y otros medios de comunicación. Y más aún, en escenarios deportivos y en la vestimenta de los deportistas?

Saludamos la decisión unánime del CONARTEL -entiéndase del presidente Correa-. Nuestros hijos no pueden seguir siendo bombardeados por una publicidad agresiva y engañosa que promueve el consumo a una edad más temprana posible y un estilo de vida que se repite generación tras generación como un atavismo.

El presidente ha dicho muchas veces que es hora de dar un salto en calidad. El primer paso está dado. Que esta prohibición se generalice a todos los medios que son consumidos por menores de edad.

De ahí, un llamado a la dirigencia del Deportivo Cuenca a no aceptar para el año 2009 la publicidad de bebidas alcohólicas en el uniforme colorado. Es cierto que estos son los auspiciantes que más pagan y “apoyan” al equipo. Pero, no hay comparación que se sustente para defender la economía del equipo querido, seguido por chicos y grandes, frente a las escalofriantes secuelas del alcoholismo en la sociedad. ¿Acaso no hay otros anunciantes de peso y poder económico en Cuenca y en el país?
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A la hora de escribir este comentario no puedo dejar de pensar en el joven quinceañero de Paccha y en su hermano menor. El uno debe estar durmiendo su borrachera y mañana al despertar con la resaca a cuestas, es muy posible que nadie le reclamará en casa. Con qué cara para hacerlo. El otro, irá a jugar fútbol con sus amigos luciendo con orgullo la camiseta querida del Deportivo Cuenca.

miércoles, noviembre 26, 2008

Los buenos muchachos de Correa


Parto de dos cosas:

1) El programa “Buenos Muchachos” nunca me ha convencido. Sus parodias me han parecido muy agresivas, de crítica grosera. Mucho más cuando reprocharon a David “El Lobo” Burbano que vivía sus quince minutos de fama.

2) El presidente Correa, en general, está haciendo las cosas correctas. En seguridad, en lucha contra la corrupción, en quitarles los excesos a los sindicatos, en rehabilitar hospitales, escuelas y colegios, pasa el año con buena nota.

Sin embargo, no puedo estar de acuerdo con la decisión de la dirección de GAMA, de silenciar el programa porque se iba a parodiar al primer mandatario y criticaba sus contradicciones sobre las incautaciones a la Agencia de Garantía de Depósitos. El canal confiscado por la AGD es administrado por Carlos Alvarado, uno de los buenos muchachos de Correa.

A nadie del gobierno de George Bush en Estados Unidos se le ocurre censurar a Michael Moore por burlarse del presidente o al comediante Bill Maher por satirizarle hasta el agotamiento a la excandidata republicana Sarah Palin.

Si el programa “Buenos Muchachos” cae en la injuria o en la difamación, el mandatario tiene todo el derecho para acudir a los tribunales. Ya lo ha hecho con el diario La Hora. Pero, de ahí a censurarlo, estamos hablando de otro nivel en las deplorables relaciones con los medios de comunicación.

Luis A. de Bonald dijo “Un estado puede ser agitado y conmovido por lo que la prensa diga, pero ese mismo Estado puede morir por lo que la prensa calle. Para el primer mal hay un remedio en las leyes. Para el segundo ninguno. Escoged pues entre la libertad y la muerte”.

martes, octubre 30, 2007

Entre el mago Cerati y Sofía Caiché


El gusto que ahora nos queda a quienes, seres privilegiados, asistimos al concierto de Soda Stereo, se saborea con mejor deleite cuando, pasadas las horas y el estado de éxtasis, brotan los recuerdos de la peregrinación al manso Guayas.

Memorias registradas en los saltarines videos capturados por celulares, hoy circulan en el planeta You Tube. Emocionados comentarios llenan de generosos adjetivos los blogs. Todas las historias y anécdotas se cuentan al pobre que no pudo ir. Son los ecos del estupendo concierto de Soda Stereo en Guayaquil.


Un Cerati prodigioso, entregado y comunicativo con la gente, se puso el disfraz de mago. Sacó de su galera conejos y palomas y con su varita mágica de seis cuerdas hipnotizó a todos, bajo la noche bañada por la luna llena. En los intervalos, entre canción y canción, se le notaba algo enojado con los responsables de las fallas audiovisuales. Y al arrancar cada tema, siempre hubo amables palabras introductorias que tuvieron el eco cómplice de sus hinchas.

Ahí, arriba en el ruedo, el virtuoso sacó talento y aplomo para hacernos olvidar de los contratiempos. Su inicial saludo rabioso "!Guayaquil carajo¡" quedará impreso para siempre en la memoria del colectivo rockero ecuatoriano. Esa catarsis, esa limpia, ese borra y vamos de la frase marcó el destino de la velada que se venía degradando por la demora de más de una hora.


Por otra parte, pasados los primeros días del gran evento musical del año en Ecuador, nos damos cuenta que nuestra televisión sigue sin estar en nada. Esperar que sus programas de farándula publiquen un reportaje con un mínimo de decencia acerca del concierto de Soda Stereo era más difícil que pedir a Paloma Fiuzza que se haga entender, aunque para algunos ese detalle no cuenta.

El programa "Vamos con todo" de RTS, del lunes 29 de octubre, empezó con tomas de hace 20 años de los Soda mezcladas con las vacías y "emocionadas" opiniones de los "famosos" miembros de la farándula guayaca al término del espectáculo. Oxigenadas y siliconadas bailarinas del más cursi reguetón se declaraban ante las cámaras que su sueño de ver a los rockeros argentinos se había vuelto real. Comentaristas deportivos decían haberse quedado afónicos de tanto cantar. La noticia del día no fue el concierto. Fue lo que opinaron de éste los figurones, aquellos que siempre están donde van las cámaras.

La segunda noticia del programa del canal oficial de Soda fue más patética: "Sofía Caiché fue al concierto con sus amigos". Lo primero que a uno le viene a la mente es preguntarse ¿quién diablos es esta Sofía Caiché? En la entrevista, la citada habla de su vida, de su pareja, de su profesión, pero nada del concierto. Me entero que es una de las pobres mujeres que cumple el denigrante papel de la montubia pechugona en el cuestionado programa "Mi Recinto". Y entonces me digo "y a mi qué me importa que Sofía Caiche se haya ido al estadio?".

En la sección de Black Box, cuyos tickets costaron la grosería de 300 dólares, se podían distinguir a todos estos tristes ciudadanos que viven del "qué dirán hoy de mi los medios". Lo de Soda fue un evento más para exponerse ante el degradante y trivializado periodismo de farándula. Es casi seguro que no entendieron qué pasaba cuando al final de la canción "Nada Personal", Cerati dejó picando un "gracias..." que fue respondido "...totales" por todo el estadio. Tampoco importaba si apenas conocían partes de una sola canción de las 28 que interpretaron y que para ellos se llama "Ella durmió...".

¿Qué distancia hay entre el mago Cerati y Sofía Caiché? Obvio: un millòn de años luz.

miércoles, julio 04, 2007

¿Es necesaria una televisión pública en Ecuador?

El cuarto foro sobre el proyecto de televisión pública se realizó en Cuenca. El miércoles 4 de julio, el Salón de la Ciudad fue el marco para analizar y discutir este propósito comunicacional del gobierno del presidente Rafael Correa. Fuimos invitados como panelistas a participar del mismo. Este fue nuestro punto de vista:

Introducción

Estas primeras palabras las expreso como un ciudadano común y preocupado que, cada vez mira menos televisión nacional, llegando a ver solo un par de noticieros. No es la falta de tiempo, achaque de los apresurados tiempos actuales. Es, como a muchos sucederá, el malestar por la desvalorizada parrilla de programación que nos ofrecen a los consumidores-televidentes. El género del reportaje casi ha desaparecido –hay excepciones dignas de reconocimiento como “Taromenane, el exterminio de los pueblos ocultos” de Carlos Andrés Vera o “Alfaro Vive Carajo, del sueño al caos” de Isabel Dávalos-. La producción nacional se mueve entre el humor grosero y de pacotilla y las dramatizaciones teñidas de rojo y poca ropa. Como un efecto de arrastre, los canales de televisión nacional se han contagiado del vergonzoso proceso de farandulización de los comunicadores. Hoy es la noticia del día los nuevos implantes de la “presentadora del programa” o la reconciliación de la bailarina con el “periodista deportivo”. Sangre y sexo alimentan a toda hora la programación, pese a la prohibición legal –artículo 49 de la Ley de Radiodifusión y Televisión- de que hasta las 9 de la noche la programación debe ser apta para todo público. La generalidad de la televisión nacional no había caído tan bajo como en los tiempos actuales.

El epígrafe que rotula este tema, ¿es necesaria la creación de una televisión de servicio público en Ecuador?, en principio y casi sin mayores reflexiones, provoca una respuesta positiva. Porque si partimos del hecho que el espectro radioeléctrico destinado a la radio y a la televisión está copado por los medios privados casi en un ciento por ciento y que, en su mayoría, miran a la audiencia como mercado con las consiguientes degradaciones, perversiones y desenfrenos de su programación, la posibilidad de contar con un canal alternativo con un objetivo idealista de educación y cultura, suena a música en medio del griterío generalizado de nuestra televisión nacional.

Ha sido característica, casi generalizada, a diferencia de la televisión europea, que la televisión en Latinoamérica, a partir de la década de los sesenta, ha sido privada con fines de lucro, en donde nuestro país es un ejemplo evidente de esta realidad. Excepciones a esta práctica nos dan los canales universitarios en Chile o parte de la televisión en Colombia con los canales Señal Colombia e Inravisión.

El camino para llegar a una televisión pública está lleno de buenas intenciones así como de grises nubarrones. Para aproximarnos a nuestra realidad ecuatoriana, cabe referirnos, en primer lugar, al marco histórico y legal en el que se desenvuelve el manejo de las frecuencias de radio y televisión.

Marco histórico y legal

El éter, ese espacio por el que viajan los sonidos y las imágenes hasta ser captados por nuestros sentidos pertenece al Estado. Es un recurso agotable y en el caso ecuatoriano, agotado. Desde la década de los sesenta, ha sido asignado para su explotación en base a contratos de concesión renovables, en principio, cada cinco años, luego y hasta hoy, cada diez años. Estas concesiones son permisos para operar esas frecuencias. A partir del año 1996, cuando el congreso nacional aprobó la Ley Reformatoria de Radiodifusión y Televisión, la atribución de esas concesiones paso a manos del Consejo Nacional de Radiodifusión y Televisión, Conartel.

Antes del Conartel, la potestad para otorgar concesiones era del gobernante o sus subalternos como el ministro de Obras Públicas y Comunicaciones o el Director Nacional de Frecuencias que habrán sabido de sus cosas, pero desconocían en absoluto de la comunicación social. Al crearse este nuevo organismo, su estructura es mayoritaria para el gobierno. De esta manera: el presidente del ente es nombrado de manera directa por el presidente de la República, el ministro de Educación o su delegado, el representante del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y el Superintendente de Telecomunicaciones. De otro lado, también lo integran el presidente de la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión, AER, y el Presidente de la Asociación de Canales de Televisión del Ecuador, ACTVE. Estos seis funcionarios son los encargados de, entre otras cosas, otorgar las concesiones.

El nacimiento de Conartel, sin embargo fue tardío. Para el año de su creación, 1996, los gobiernos anteriores, y en especial el de Sixto Durán Ballén, a través de Adolfo Loza, su Superintendente de Telecomunicaciones, habían agotado el espectro radioeléctrico para la radio y televisión nacionales, feriándolo a diputados, caciques políticos, contrabandistas y banqueros. Antes de aquello, ya existían seis canales con señal nacional: Ecuavisa, Teleamazonas, Telecentro –TC-, Telesistema –hoy RTS-, Gamavisión y Canal Uno que ocupan, toda la banda de televisión abierta o vhf. Es decir, no quedaba un solo hueco para otro canal desde hace más de dos décadas.

De otro lado, el marco legal de la televisión pública en Ecuador está registrado en el artículo 8 de la Ley de Radiodifusión y Televisión que define como estaciones de servicio público a aquellas “destinadas al servicio de la comunidad, sin fines utilitarios, las que no podrán cursar publicidad comercial de ninguna naturaleza”. Sobre esta prohibición de transmitir publicidad comercial, cabe señalar que existe una sentencia, a finales de los años noventa, del Tribunal Constitucional que la declara inconstitucional. Por lo tanto, las estaciones públicas sí están habilitadas para autofinanciarse con avisos comerciales. El mismo artículo señala los objetivos generales de las estaciones de servicio público: fines sociales, educativos, culturales o religiosos.

Por otra parte, desde su creación en 1978, la ley obliga a los canales de televisión a destinar una hora diaria, de lunes a sábado, para programas educativos y de salud, según ordena el artículo 59, literal d. Han pasado casi treinta años y ningún gobierno, incluido el actual, ha aprovechado este espacio privilegiado que obliga a todas las estaciones de radio y tv. Es solo cuestión de imaginarse cuánto cuesta hoy una hora diaria en todas las radios y canales de televisión del país para darnos cuenta del colosal poder que se ha desaprovechado por parte del estado.

Con estos antecedentes históricos y legales, nos permitimos señalar una primera consideración: la creación, funcionamiento y financiación de un canal de televisión pública es absolutamente legal. Existe el marco jurídico que lo permite. Incluso, una posible prohibición para financiarse a través de avisos comerciales ha sido declarada inconstitucional y, por lo tanto, no existe.

La segunda consideración es de difícil y, quizás insalvable solución por ahora: no hay espacio en el dial, entre los del popular e histórico vhf –es decir, entre los canales 2 y 13- para la televisión pública. Queda la posibilidad en uhf, alguna vez llamada comercialmente y sin éxito como la fm de la televisión. No se necesita ser un erudito de las telecomunicaciones para darse cuenta de las debilidades técnicas de transmisión y recepción en uhf. Pero sobre todo, será muy complicado cambiar los hábitos del consumidor y estar ubicado en medio de una ensalada de canales locales o regionales y, generalmente, con una disminuida calidad de programación.

Habíamos señalado que todas las cadenas de televisión son privadas, que por lo tanto buscan el lucro a través de publicidad; lo que a su vez provoca la búsqueda incesante de mayores audiencias, es decir de rating, convertido, hoy por hoy, en el dios que ordena lo que se debe transmitir o no. Esa todopoderosa medición regulada por la empresa privada Ibope, en base a unos pocos centenares de audímetros, solo contempla a hogares de Quito y Guayaquil, que concentran menos de la cuarta parte del universo de televidentes ecuatorianos. Esos números dicen que, en esas ciudades, el noticiero más visto es el de TC, una especie de diario Extra en expresión audiovisual; o que el programa más visto en los últimos tiempos es el concurso-reality “Bailando por un sueño” de Gamavisión. Es triste decirlo, pero es muy cierto, que entre los diez programas más sintonizados por los guayaquileños y quiteños solo aparecen frívolas telenovelas, triviales partidos de fútbol e inútiles concursos realitys. Programas culturales o documentales educativos, casi no existen. El gradual deterioro de la calidad de la programación, nos lleva a creer que no cabe duda que los contenidos de la televisión nacional de hoy son los de menor calidad de todos los tiempos.

Entonces, parecería lógico que un canal de televisión público vendría a zarandear el status quo de mediocridad y a imponer una programación cultivada en los valores y dedicada a la educación y la cultura. Nada de eso. Está comprobado que, por lo general, se convierten en canales sintonizados por una minoría elitista y estos experimentos terminan desplomándose por otros factores como la incompetente preparación de la mayoría de profesionales de la comunicación que terminan reproduciendo los mismos errores antes anotados en la televisión privada, como lo señala en su blog Roberto Aguilar. En nuestro propio patio hemos vivido el caso de Radio Nacional del Ecuador, que transmitió hasta inicios de los años noventa en Quito, Guayaquil y Loja. Desapareció por autocombustión: antes que sus equipos de transmisión se apagaran por viejos y obsoletos y que su audiencia llegara a niveles insignificantes, sus contenidos habían caído en lo burocrático, indiferente, inexpresivo y vacío.

Resumimos lo que hemos hablado hasta ahora: hay un marco legal que viabiliza el proyecto; no hay frecuencia en vhf para la tv pública a no ser que se le ocurra al gobierno hacer lo mismo que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez; y, no hay garantía de una programación de calidad, renovadora, diferente y competente.

La clave: ¿Quién administra el canal de televisión?

Un asunto fundamental es el de su administración, en donde tenemos malos y buenos ejemplos. Entre los primeros volvemos a referirnos al caso venezolano, en donde el naciente canal TVes es dirigido a voluntad por el gobierno que dio su aporte inicial de cuatro millones de dólares y en el que cinco de sus directores fueron nombrados por Chávez, dejando dos puestos para representantes de productores independientes y de comités de usuarios. Como ocurría cuando de niños, el dueño de la pelota tiene el poder de armar su equipo de fútbol y hasta de ser el árbitro que toma la decisión final. Y entonces, el canal se ha vuelto oficial con todas las connotaciones y lesiones al derecho a estar bien informados. Para ejemplificar el asunto, las multitudinarias marchas universitarias de rechazo al cierre de RCTV y que derivaron en graves incidentes que dejaron varios heridos, no aparecieron en el noticiero del nuevo canal.

Volviendo a nuestro caso, según los primeros cálculos de la exsecretaria de comunicación Mónica Chuji, el presupuesto anual para la tv pública ecuatoriana es de 18 millones de dólares.

Según ella, “la propuesta es que la televisora ecuatoriana sea entretenida, culta, educativa, de alcance nacional, sustentable, megadiversa y pluricultural como los catálogos de turismo para promocionar el Ecuador”. Un asunto esencial todavía no se ha aclarado aún: ¿Quién o quiénes van a administrar y controlar el medio? Si se va a copiar el modelo de TVes de Venezuela, nada bueno para el televidente se puede advertir.

La otra posibilidad es que se cree un Consejo para la reforma de los medios de comunicación estatales, como lo hizo el Presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. Este “comité de sabios” estuvo protegido de cualquier intrusión oficial y se conformó con dos catedráticos universitarios, un representante de productores de audiovisuales y otro del gremio de periodistas. El Consejo tuvo como cometido la elaboración de un informe sobre el régimen jurídico, incluido el modo de designación de sus órganos directivos, la programación y la financiación de los medios de comunicación de titularidad estatal. Hay que aclarar que la radio y televisión estatales españolas han sido financiadas con fondos públicos desde la era franquista, llegando a acumular un enorme déficit de 7 mil millones de euros al año 2005.

Los cambios se han notado en los contenidos de los noticieros de Televisión Español, TVE, dirigidos por el periodista Lorenzo Milá, en donde hay una escrupulosa neutralidad informativa que le ha devuelto el primer lugar de medición de audiencias entre los noticieros españoles. Antes de esta reforma, cuando José María Aznar estaba en el poder y no existía este consejo independiente, las manipulaciones de la información fueron evidentes a tal punto que el director del noticiero de entonces, Alfredo Urdaci, llegó a afirmar, a pocas horas de ocurrido, que el atentado del 11 de marzo era obra de ETA y, a día seguido, calló sobre las enormes manifestaciones contra Aznar por esconder la verdad sobre los autores de los atentados.

Para eliminar cualquier suspicacia de intromisión del gobierno de turno, el modelo de la BBC aparece como uno de los más idóneos: protegido por un estatuto a prueba de balas oficiales, el 80 por ciento de su financiamiento proviene de un canon pagado anualmente por los consumidores dueños de los televisores. Este impuesto es de 178,1 euros para los británicos. En otros países europeos con medios electrónicos estatales también se aplica este sistema. Por ejemplo, en Italia el dueño del aparato de televisión debe pagar 90,9 euros; en Francia, 116,5; y, en Alemania, 193,8 euros. Hay exoneraciones que se aplican a personas de tercera edad, jubilados y desempleados. La pregunta que usted y yo nos hacemos es ¿se puede aplicar este modelo en el Ecuador? Creemos que la respuesta es no, simplemente por la enorme resistencia a la cultura impositiva que todavía existe y por la pobreza que aflige a más del cuarenta por ciento de la población.

Quedan como posibilidades de financiamiento, aparte de las subvenciones públicas con sus peligros latentes, los ingresos publicitarios y la venta de programas, asunto que somete al medio a los ya señalados peligros de convertir a la audiencia en mercancía entregada al rating y a las presiones sutiles o directas de los grandes anunciantes.

A manera de conclusión, para los que estamos hasta la coronilla con las vulgaridades que nos presentan Maritere, Marián o Mariela; para los que no soportamos un segundo novelas tan bobas como "Gata Salvaje" o "Rebelde"; para los que estamos hartos de tanto brujo-estafador que roba aprovechando su charlatanería; o, para quienes no aguantamos a Johnatan Carrera con su prosa necrofílica, el proyecto de televisión pública que quiere llevar adelante el presidente Rafael Correa, suena a antídoto ante tanta programación de pésima calidad que hoy impera en la tv nacional.

Por eso, debemos apostar por una televisión que garantice el derecho a la información de los ciudadanos. Que se convierta en una vía de acceso a la cultura, a la educación, al entretenimiento, al cine. Una televisión que forme en sentido cívico y en valores. Que contribuya a generar una conciencia crítica colectiva. Que juegue un papel de defensa de la democracia y de la convivencia internacional.

Como se ve, la tarea es enorme si se quiere hacer una comunicación social distinta a la vulgar y decadente que hoy tenemos. Hay que apostar por una televisión pública ecuatoriana sin ninguna intrusión de los gobiernos para que no se diga, lo que hemos leído en un blog acerca de este proyecto, que sería la nueva RCTV, es decir, Rafael Correa TV.

domingo, junio 17, 2007

¿Egasvideos o Pativideos?


Aplicando aquello de que el ataque es la mejor defensa, el Ministro de Economía, Ricardo Patiño, mantuvo un ácido encuentro con el periodista Jorge Ortiz en el set de Teleamazonas. Cuando me pregunto ¿quién ganó? no me refiero a los dos personajes, sino a los que están detrás de todo esto. El gobierno cree que ha sacado ventaja de esta entrevista, tanto que su video ha sido colgado en la página web de la Presidencia de la República.

Fue el martes 12 de junio a las 7 de la mañana. La estrategia machacadora y generalizadora del gobierno de Correa contra medios y periodistas ha dado un giro hacia las puntualizaciones. Ahora el presidente y su alfil Patiño atacan a Fidel Egas, banquero y principal accionista de Teleamazonas. Le acusan de ser el autor intelectual de los pativideos. O sea, según el gobierno, Egas ordenó a Quinto Pasmiño filmar a Patiño y al presidente del congreso, Jorge Cevallos, sin que lo sepa el propio ministro. ¿Se puede creer aquello?

Mientras tanto, hay varias preguntas que están picando y no tienen repuesta, por ahora: ¿Cuánto aporta el video si sabemos que la clase política -incluída la del socialismo del siglo XXI- siempre ha actuado bajo el esquema de la componenda, el toma y dame o el "si nos preguntan, tú a mi ni me conoces"? ¿Cuánto le afecta al presidente Correa este nuevo video y en plena campaña para la elección de asambleístas? ¿Cuál es el precio que deberán pagar los medios y los periodistas por esta la permanente agresión oficial? ¿Por qué Correa no le cobra todavía los impuestos a Álvaro Noboa? ¿Por qué ha enmudecido ante los juicios contra Abdalá Bucaram y los Isaías? ¿Por qué no avanza el proceso penal por la golpiza e intento de linchamiento al cuencano Oswaldo Flores Manzano?

lunes, junio 11, 2007

Yo, Rafael

“Yo cancelo ese canal”. Lo acaba de decir el presidente Rafael Correa, si prueba que una cadena de televisión apoya un golpe de estado o a los golpistas. Dijo que él no esperaría a la terminación de la concesión como ocurrió en Venezuela con RCTV.

El primer mandatario ha vuelto a enseñar los dientes en lo que ha sido el último giro a la tuerca de la contienda con los medios de comunicación ecuatorianos. Esta vez el economista se ha introducido en el aspecto legal, del que no es precisamente un especialista y ha expresado ese absurdo. Veamos por qué:

- Ni la Ley Reformatoria de Radiodifusión y Televisión, ni su Reglamento, castigan con semejante pena a los medios. Existen las llamadas sanciones de Clase 5, las más graves de todas, que son aplicadas por serias infracciones de carácter técnico y administrativo que provocan la cancelación de la concesión, luego de un largo proceso de terminación del contrato y reversión de la frecuencia que pasa por los tribunales de justicia. Hasta tanto, la estación puede seguir operando. Estos casos extremos se dan por eventos puntuales; cuando, por ejemplo, una radio o canal de televisión han sido enajenados a un gobierno o persona extranjera (artículo 80 del Reglamento).

- La legislación ecuatoriana, en materia de comunicación social, a raíz de la reforma a la Ley de Radiodifusión y Televisión en 1995, dejó de sancionar a los medios por asuntos derivados de los contenidos expresados. La responsabilidad por lo que se dice, recae, desde entonces, en la persona autora del supuesto delito o infracción penal o, si no es identificada, la carga pesará sobre el director o gerente del medio, según señala el Código de Procedimiento Penal.

Ahora bien, supongamos que a través de un canal de televisión se apoye abiertamente un golpe de estado en el Ecuador. El presidente no podrá, de ninguna forma, clausurarlo definitivamente, como acaba de advertir. Lo que si podrá es enjuiciar a todos los periodistas que hayan apologizado la rebelión. Pero el medio en sí, no puede ser afectado.

Tal vez, la única manera, revestida de algo de legalidad temporal para callar por este motivo a un medio, sería con la declaratoria del estado de emergencia, en la que contemple la suspensión de las libertades, entre ellas la de expresión, con lo cual podría ordenar la censura previa y hasta su cierre de operaciones, acto que no ha ocurrido ni siquiera en gobiernos despóticos como el de León Febres Cordero.

Por lo tanto, el presidente Correa vuelve a errar el golpe en materia de legislación de la comunicación. Sus ímpetus violentos le vuelven a traicionar. Sus resentimientos con los medios pueden más que la tolerancia que debe enaltecer al primer ciudadano de la Patria. Y esos malos deseos que acaba de expresar solo podrían darse en dos escenarios: una dictadura o una asamblea constituyente sumisa al despotismo.

martes, mayo 15, 2007

El C.S.I. ecuatoriano es “Crímen Sin Investigación”

Son las tres de la mañana. Con caras de sueño interrumpido llegan a un barrio mexicano de Las Vegas, Grissom y su equipo de criminalistas. Cada uno carga una caja grande parecida a una de herramientas para vehículos. Pocos minutos antes, una balacera ha dejado dos muertos en la calle. Los cadáveres todavía están ahí. Su primera acción es acordonar el sitio con cinta amarilla en la que se lee “C.S.I. - Crime Scene Investigation” (Investigación de la escena del crimen). Entonces, empiezan su febril y detallada labor de hormiga. Mientras Greg saca centenares de fotos, Nick recoge la más mínima evidencia en pequeñas bolsas de plástico y Sarah busca huellas digitales con la escrupulosidad de un cirujano. Al espacio cercado no puede acceder nadie más que tenga que ver con ellos o la policía. Su misión: resolver los crímenes en las próximas horas… Es el inicio de un nuevo capítulo de C.S.I., la serie de televisión que apasiona a decenas de millones de televidentes cada semana.

Su éxito ha llevado a la apertura de liceos forenses en varios países. En Bogotá, Colombia, este boom ha llegado a la inquietud, por la sobreoferta de escuelas frente a las pocas plazas de trabajo existentes. Pero acá en Ecuador, el famoso serial se transmite a horarios cercanos a la medianoche, casi como un relleno. Ya sabemos que acá la televisión abierta prefiere para el mejor horario de la noche a las fútiles y vulgares telenovelas, marianes y marielas porque suman más al rating.

La relación mental con Grissom y su brigada de forenses me vino a la mente a propósito del crimen que costó la vida a David Ambrosi Alemán la semana anterior. Nuestros C.S.I criollos –policías judiciales- llegaron a la escena de la balacera –calle Juan Jaramillo, a pocos pasos de la discoteca Loft- cuando el herido ya había sido trasladado a la clínica y, sorpréndase amigo lector, los empleados del local de diversión habían limpiado los rastros de sangre y barrido los casquillos. En otras palabras, quedó borrado el escenario del homicidio.

Antonio Idrovo, administrador de Loft, admitió que sus empleados procedieron a limpiar la calle porque “le pidieron unos vecinos”. Cuando llegó la policía “a tomar procedimiento”, como dicen, se recogieron algunos casquillos y frente al típico “yo no vi ni oí nada”, el único testimonio que receptaron fue el del portero de la discoteca. El parte oficial, leído por el Coronel Edwin Aguirre, jefe de operaciones del comando de policía Azuay 6, así lo confirmó. Un documento fundamental para el inicio de la investigación estaba basado apenas en la declaración de una persona.

Para cerrar este episodio de nuestra jurásica pericia judicial, al Dr. Romel Molina, agente fiscal encargado de la investigación, no le quedará más, como siempre ha ocurrido, que basarse en testimonios y analizar otras elementales pruebas como los vehículos involucrados, balística básica, inspección ocular, parafina para encontrar residuos de pólvora en quienes dispararon armas, recabar huellas digitales que no estén malogradas por el paso del tiempo, o como suele suceder casi siempre: la reconstrucción de los acontecimientos en base, en este caso a un solo testimonio.

Acá en Ecuador, la práctica de pruebas de ADN, la reconstrucción facial computarizada, la coincidencia de huellas dactilares en bases de datos digitales, los exámenes de fibras y otros rastros de evidencia, o los resultados de toxicología, son aún sueños inalcanzables. Mientras tanto, a manera de utopía, tocará seguir escuchando a Gil Grissom decir su famosa frase: la evidencia nunca miente.

domingo, abril 29, 2007

Medios a la venta… ¿Quién da más?

El principal problema de esta precampaña y la próxima campaña electoral está oculto. Latente detrás de sutiles formas. El asunto más grave y con serias connotaciones éticas y legales está en el papel que cumplirán los medios de comunicación.

Todos saben que un período de campaña electoral es sinónimo de buenas utilidades para la televisión, la radio, los periódicos y las vallas. Pero ahora, para la elección de los asambleístas constituyentes, los medios deberán limitarse a cumplir el Estatuto aprobado en la Consulta en cuanto a la financiación de la campaña.

El instructivo prohíbe la financiación privada de la publicidad política, como ha sido hasta ahora. En esta ocasión será el Estado el que ordenará la publicidad en términos de igualdad y equidad en cobertura y será el único que podrá contratar la propaganda.

El principio pone en iguales condiciones a todos los candidatos. Aquellas empresas electorales multimillonarias como las de Álvaro Noboa, por ejemplo, tendrán los mismos espacios que los pequeños y modestos movimientos provinciales. Hasta ahí, todo bien.

Lo que el Estatuto no contempla son las manipulaciones inmorales en las que caen varios medios, grandes y pequeños en plena campaña.

Entre estos procedimientos deshonestos anotamos los siguientes:

a) Las transmisiones en vivo del lanzamiento de la candidatura, de las ruedas de prensa o de los cierres de campaña. Recuerde Usted, cordial lector, los últimos días de la segunda vuelta cuando TC Televisión, Gamavisión, RTS y Canal Uno transmitieron en directo y en horarios “triple A” la campaña de Noboa, desde sus humillantes regalos a los desamparados, pasando por las interminables caravanas por las calles, hasta sus incoherentes discursos. ¿Fue un regalo de los canales? Nada que ver.

b) Las entrevistas frecuentes y complacientes tanto en espacios noticiosos como en otros programas –deportivos o de entretenimiento-. Nada de preguntas difíciles, nada de cuestionamientos, nada de recordarles sus traspiés políticos, promesas incumplidas o rabos de paja. Todas son sonrisas bonachonas, todo es “si señor candidato”, toda la entrevista es un camino de pétalos de rosas y sin espinas. ¿Qué motiva estos diálogos indulgentes? Don billete, pues. (Ver “¿Entrevistas pagadas?”)

c) Editoriales, opiniones o comentarios convenientes. Un halago a manera de criterio personal de un comunicador acerca del candidato, puede traducirse en muchos votos para el necesitado polìtico. Recuérdese que la compra-venta de conciencias no solo se da con dinero, también aceptan especies.

d) Debates entre los preferidos. Aunque son las encuestas las que señalan a los candidatos con más opciones para ganar, este recurso de propiciar debates entre favoritos con aquel o aquellos que no lo son, puede presentar serias dudas. Da para pensar que algún interés oculto hay en quien organiza estas discusiones. La cuestión no es tan fácil como decidir la cancelación de este formato comunicacional, porque tampoco se puede dejar de utilizar el valioso recurso del intercambio de ideas entre los candidatos.

Todos los comunicadores tenemos ideología. Nuestro corazón nos inclina a un candidato más que a otro. De por medio pueden haber relaciones familiares o de amistad. Está en nosotros actuar con templanza y equilibrio en la próxima campaña electoral.

Por lo pronto, en La Voz del Tomebamba, estamos preparando unas normas que las haremos públicas a los oyentes y a los actores políticos. En ellas trataremos de darle la máxima limpieza a la comunicación social con los candidatos. Nuestra audiencia lo merece.

(Blog escrito mientras retumbaron espectaculares conciertos de Nine Inch Nails y Radiohead. A todo decibelio)

domingo, abril 08, 2007

Luchito, misericordioso y vengador

Parco y vestido de terno claro, el capitán Vinicio Luna ingresa nervioso al set del programa de chismes de la farándula criolla “Vamos Con Todo”. Sus amigos Ángelo Barahona, Jessenia Jati, Paloma Fiuzza, Oswaldo Segura y Janine Leal lo reciben afectuosamente. Es de esa misma manera como sucederá la entrevista, si así puede llamarse a eso que más parecía a una conversación de camaradas en un bar. Luna respira tranquilo. Sonríe y se sienta en la butaca en medio de ellos.

Los asentimientos condescendientes se mezclan con los escotes, extensiones, pestañas postizas, maquillajes, botox y siliconas convirtiéndolo todo, incluyendo a la entrevista, en un solo artificio. Bueno, no se puede esperar más de nuestro periodismo de comadreo.

Más bien, los temas que pellizcan la conciencia de Luna y que son los mismos que inquietan a la teleaudiencia quedan de lado y lo que podía haber sido un buen trabajo de escrutinio periodístico termina en meras intenciones.

Al final, los abrazos, besos y agradecimientos de los entrevistadores caen como dulces indulgencias dentro de una sociedad que hace un año condenaba el tráfico de personas, utilizando el nombre de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, FEF.

La FEF es un ente privado y que, bajo este argumento, puede decidir lo que le venga en gana. Por esto, su presidente Luis Chiriboga y su directorio decidieron reintegrar a Luna como coordinador de selecciones nacionales hace pocos días, desatando una polémica enorme que ha provocado la queja pública de algunos de sus miembros, como el alcalde de Azogues y presidente del club del mismo nombre, y la renuncia del Coronel José Ribadeneira, miembro de la Comisión de Selecciones.

En el otro lado de la polémica está otro incriminado por la justicia, esta vez deportiva. Agustín Delgado, el referente de la palabra Ecuador cuando alguien pisa tierras extrañas, es víctima del odio y de la revancha por parte de la misma FEF. El goleador histórico de la Tri hoy es reo de su mal comportamiento en el partido Barcelona-Liga de Quito al finalizar 2006. Luego de los incidentes fue castigado con la suspensión de un año calendario, exagerada a decir de muchos, tomando en cuenta la magnitud real de los hechos y además que el Tin está en el ocaso de su carrera y esa sanción ha caído como su lápida.

Hace pocos días, la FIFA, es decir, el organismo mundial del fútbol, ratificó la sanción al jugador. Lo que ha desatado la otra gran polémica es que ha sido el directorio de la FEF el que pidió e insistió en la ratificación de la pena al deportista.

El columnista Xavier Lasso escribe en El Comercio el pasado jueves 5 de abril lo siguiente: Lo que en el fondo se “castiga” es el atrevimiento del Tin Delgado de reclamar los premios ofrecidos por las clasificaciones. El Tin levantó su voz, protestó. Eso es lo que no perdona el estilo de Luis Chiriboga: sus muchachos tienen que ser sumisos, sobre todo porque la única relación que vale es aquella que heredamos de la hacienda.

Volviendo al caso de Luna, Diario El Telégrafo informó el 4 de abril que la FEF violó el Código de Ética de la FIFA al haberle reintegrado. El artículo tres es claro: "Se elegirá como funcionarios oficiales y miembros de órganos únicamente a aquellas personas que se destaquen con una conducta moral intachable y se comprometan a acatar sin reservas las disposiciones del presente Código Ético. Toda persona que no cumpla o deje de cumplir estas condiciones no es ni será elegible como funcionario oficial o miembro de órganos, o se le retirará de su cargo. Igualmente, se excluye a toda persona con antecedentes penales y cuya condena no sea compatible con el desempeño de su cargo”.

Luchito, le dicen sus amigos, los de la manada de la hacienda llamada FEF, los periodistas que le dicen si y asienten en coro. Los de los viajes con todo pagado. Misericordia para Luna, venganza para el Tin. Silencio en los grandes medios de comunicación. Esto solo pasa aquí, en Ecuador, mi paìs.

miércoles, marzo 28, 2007

¿Qué estás haciendo Lobito?

Un engominado y edulcorado David Burbano garabatea unos pasos de reggaetón cuatro años después de su salto a la fama. En aquel tiempo, el susceptible cuencano con pelaje de metalero rebelde se había ganado el afecto de los ecuatorianos, tras el incidente con su antagonista: el antipático y presumido capitalino.

Hoy, en marzo de 2007, David ha mutado del “Hombre Lobo”, personaje a través del que opinaba en el programa “Primero Lo Primero” de Pablo Guevara en la Súper 9’49, a finales de los noventas; a éste pintoresco y neófito danzarín.

Durante estos años del post-Big Brother, Burbano ha intentado varias experiencias mediáticas en las que la inestabilidad ha sido su hábito. Hasta que llegó a ETV Telerama en donde lanzó el ancla y desde entonces no ha vuelto a su vaivén gitano.

Su aureola también ha perdido algo de brillo, sobre todo en Cuenca, luego de un confuso suceso en el que se negó a realizarse una prueba de alcoholemia tras un incidente de tránsito. En esa ocasión dijo que no tenía dinero para pagar esa prueba y que sufría una fuerte gripe.

Sus enemigos, muchos de ellos gratuitos que no se tragan su facha de marginal, no han tenido escrúpulos para acusarle de todo lo que su aspecto les presupone, reproches sin fundamento, la mayoría de las veces; pero también por simple y malsana envidia.

En Bailando Por Un Sueño, el enmohecido danzarín de seguro no se llevará el primer premio del concurso. Eso lo sabe y lo ha dicho públicamente. En un programa que lidera el rating de la tv ecuatoriana, su deseo es resistir lo más posible, sorprendiendo con alguna locura estilo Gran Hermano, como besar a Juancho, por ejemplo.

Los realitys como éste, con algunas figuras mortecinas que hace rato recibieron el pitazo final de sus 15 minutos, servirán para volver a invocar a esa esquiva dama llamada fama. Necesitados hay muchos, o si no vean a la ex de Paul McCartney, la estigmatizada vampira Heather Mills que también concursa en la versión inglesa de Bailando Por Un Sueño, pese a la prótesis en una de sus piernas.

Así que, Lobo, no te preocupes si no sabes bailar, porque aún hay colores en la paleta de tus locuras y, sobre todo, audiencia que te vea.

domingo, marzo 04, 2007

La televisión pública, una posibilidad cierta

Para los que estamos hasta la coronilla con las vulgaridades que nos presentan Maritere, Marián o Mariela; para los que no soportamos un segundo novelas tan bobas como "Gata Salvaje" o "Rebelde"; para los que estamos hartos de tanto brujo-estafador que roba aprovechando su charlataría; o, para quienes no aguantamos a Johnatan Carrera con su prosa necrofílica, el proyecto de televisión pública que quiere llevar adelante el presidente Rafael Correa, suena a antídoto ante tanta mediocridad que hoy impera en la tv nacional.

Juan Pablo Vintimilla, periodista de Diario El Tiempo, nos visitó para preguntarnos acerca del proyecto de televisión pública ecuatoriana que el mandatario quiere concretar en los próximos meses. Nuestros comentarios fueron publicados en la edición del día sábado 3 de marzo de 2007 del matutino cuencano. He aquí una transcripcion:

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Uno de los primeros anuncios de Rafael Correa, tras posesionarse como Presidente, fue la creación de un canal de televisión pública para el Ecuador, según su versión con el propósito de originar una televisión distinta, educativa principalmente.

Dos periodistas locales que analizan esa alternativa la consideran importante siempre y cuando el estatuto que lo rige y las personas encargadas de su administración sean profesionales independientes de cualquier influencia política.

Para el periodista Jorge Piedra Cardoso, ex presidente de AER, la necesidad de una televisión pública es cada día más evidente ante la pobreza de contenidos de la televisión comercial y la farandulización de sus espacios.

Piedra sostiene que una televisión pública debería orientarse a educar, informar y entretener, pero con propuestas frescas, contenidos que ayuden a la formación de las audiencias. Según su versión, la televisión británica, BBC, y la reestructuración que está haciendo Televisión Española son dos ejemplos claros de que una televisión del Estado puede ser independiente e incluso en ocasiones ser crítica del Gobierno.

Rosana Encalada, vicepresidenta del Colegio de Periodistas del Azuay, la televisión pública es la gran oportunidad que tiene los medios de dar un giro completo a sus contenidos y a ofrecer trabajos de calidad, no obstante advierte la necesidad de que se mantenga alejada de grupos de poder no solo político, sino económico.

Para Encalada una eventual estación de televisión pública debería orientarse a difundir programas de interés social y educativo, además que, dice, sería el lugar ideal para que productores independientes preparen proyectos alternativos y los planteen.

Ambos coinciden en que los encargados de dar forma a la propuesta deberían ser los periodistas, las universidades y los organismos culturales del país, de manera que se elabore un estatuto que garantice su independencia, pero sobre todo la supervivencia de ese medio y sus propuestas frente a los cambios de Gobierno e ideologías.

En lo que no coinciden los dos periodistas es en la forma de solventarse, para Encalada la posibilidad de crear un impuesto que la subvencione es la alternativa más oportuna “de esa manera la gente se apoderaría del medio y demandaría imparcialidad”, dice.

Por su lado Piedra asegura que ni la cultura tributaria de nuestro país, ni la economía están preparadas para asumir ese tributo, por lo que la mejor alternativa sería que se solvente comercialmente, como los otros medios, pero acepta que en un inicio es probable que trabajaría a pérdida.

Otros críticos y periodistas, como César Ricaurte columnista de El Universo, o Carlos Vera en una columna de opinión en El Comercio, se han manifestado favorablemente sobre la propuesta de Correa. Todos han coincidido en la necesidad de dejar de lado la influencia partidista de éste o de futuros Gobiernos.

Opiniones desde la BBC

Desde el miércoles pasado dos periodistas de la cadena pública británica BBC, Matías Zibell e Iscar Blanco, visitaron la ciudad para dictar una charla sobre periodismo a los alumnos de la Universidad del Azuay y para grabar dos programas en los estudios de Antena Uno.

Consultados por este Diario, los periodistas se refirieron a la posibilidad de un canal público en Ecuador, desde su experiencia dentro de una de las cadenas públicas más prestigiosas e independientes del mundo, la BBC.

Blanco es el que más de acuerdo está con el proyecto, él asegura que todo dependerá de las personas que estén encargadas de la planificación y concepción del proyecto. Una agrupación de periodistas ecuatorianos de trayectoria es a su criterio la mejor opción para dirigirlo “todo depende de que aprendamos a diferenciar lo público de lo gubernamental”.

Según Blanco, el éxito de la BBC se ha originado gracias a la independencia mantenida desde el inicio con el gobierno británico, “muchas veces lo hemos criticado y ciertamente han habido intentos de influir en los contenidos, pero un sólido estatuto lo ha impedido”, dice.

A criterio de Zibell, el contexto político de América Latina impediría la creación de una estación televisiva pública que no se convierta en una herramienta propagandística, “todo dependerá de la apropiación que tenga la gente de ese medio y lo dispuesta que esté a exigir independencia”.
(JPV)