domingo, abril 22, 2007

Que pase La Dueña, le estábamos esperando

Un domingo a mediados de 2006, aprovechando un paseo familiar, puse en el reproductor de discos los bocetos de las nuevas canciones de uno de los grupos más importantes de la escena rock cuencana en la última década: La Dueña.

En una suerte de grupo focal hogareño, en la que la variedad de edades armonizaba con los gustos de los examinadores: ecléctico, clásica, electrónico, alternativo, y emo –o podría caber “ema” por el género-, los comentarios fueron de diverso tono: “Muy ochenteros”. “Las baladas me gustan más que las movidas”. “Las mejores son la 3, la 5 y la 9”. “La letra de la 11 es la mejor”.

El ejercicio valió para luego expresarle a Fabrizzio Vásquez, bajista y tecladista del grupo, lo que considerábamos como fortalezas y puntos flacos de esos borradores sonoros. Ese mismo trabajo crítico lo hicieron con otros amigos que los analizaron y opinaron.

Luego vino el proceso de grabación en serio, la selección de once de las veinticinco pistas originales, la masterización en el estudio del prestigioso ingeniero de sonido Andrés Mayo de Argentina, la producción del diseño de la portada y la grabación, hasta las cinco de la mañana, del primer video clip del álbum.

El viernes 20 de abril fue el día en que Cuenca conoció del nacimiento de la nueva “guagua” de La Dueña. Sus cuatro integrantes visitaron varias radioemisoras presentando “Por Tu Amor”. Para algunos, la primera sorpresa era conocer que, después de la salida de Toño Peña –quien vive ahora en Manta-, el nuevo cantante es el próximo comunicador social Hernán Montalvo que, a sus 23 años, contrasta pero no desentona con sus tres treintañeros compañeros: Fabrizzio, Remigio Abad (bateria) y Carlos Ortega (guitarra).

“Por Tu Amor” sorprende desde el inicio con una entrada de teclado, en el que se nota el acabado que le dio Andrés Mayo. Tiene un “loudness” que, escuchado con audífonos se parece al Journey del cd “Escape”. La “power ballad” tiene un sostenido solo de guitarra, una contagiosa melodía y un final de bateria decreciente que recuerda a Neil Peart de Rush, con permiso del canadiense.

En medio del indetenible proceso de evolución del rock, que, quiérase o no, va remolcado por las nuevas tendencias globales, el shock del nuevo milenio para las bandas de los noventa terminó por jubilarlas a algunas antes de hora. Es por eso que, en el caso de La Dueña, el rock cuencano les tenía reservado un asiento desde hace tiempo. Enhorabuena.

2 comentarios:

samantha dijo...

se nota mucho la madurez musical q han alcanzado... bien por el rock cuencano!!!

Anónimo dijo...

hay que reconocer el esfuerzo creativo de estos 4 cuencanos...sin embargo nos falta autenticidad...la letra es muy pobre