
Todos saben que un período de campaña electoral es sinónimo de buenas utilidades para la televisión, la radio, los periódicos y las vallas. Pero ahora, para la elección de los asambleístas constituyentes, los medios deberán limitarse a cumplir el Estatuto aprobado en
El instructivo prohíbe la financiación privada de la publicidad política, como ha sido hasta ahora. En esta ocasión será el Estado el que ordenará la publicidad en términos de igualdad y equidad en cobertura y será el único que podrá contratar la propaganda.
El principio pone en iguales condiciones a todos los candidatos. Aquellas empresas electorales multimillonarias como las de Álvaro Noboa, por ejemplo, tendrán los mismos espacios que los pequeños y modestos movimientos provinciales. Hasta ahí, todo bien.
Lo que el Estatuto no contempla son las manipulaciones inmorales en las que caen varios medios, grandes y pequeños en plena campaña.
Entre estos procedimientos deshonestos anotamos los siguientes:
a) Las transmisiones en vivo del lanzamiento de la candidatura, de las ruedas de prensa o de los cierres de campaña. Recuerde Usted, cordial lector, los últimos días de la segunda vuelta cuando TC Televisión, Gamavisión, RTS y Canal Uno transmitieron en directo y en horarios “triple A” la campaña de Noboa, desde sus humillantes regalos a los desamparados, pasando por las interminables caravanas por las calles, hasta sus incoherentes discursos. ¿Fue un regalo de los canales? Nada que ver.
b) Las entrevistas frecuentes y complacientes tanto en espacios noticiosos como en otros programas –deportivos o de entretenimiento-. Nada de preguntas difíciles, nada de cuestionamientos, nada de recordarles sus traspiés políticos, promesas incumplidas o rabos de paja. Todas son sonrisas bonachonas, todo es “si señor candidato”, toda la entrevista es un camino de pétalos de rosas y sin espinas. ¿Qué motiva estos diálogos indulgentes? Don billete, pues. (Ver “¿Entrevistas pagadas?”)
c) Editoriales, opiniones o comentarios convenientes. Un halago a manera de criterio personal de un comunicador acerca del candidato, puede traducirse en muchos votos para el necesitado polìtico. Recuérdese que la compra-venta de conciencias no solo se da con dinero, también aceptan especies.
d) Debates entre los preferidos. Aunque son las encuestas las que señalan a los candidatos con más opciones para ganar, este recurso de propiciar debates entre favoritos con aquel o aquellos que no lo son, puede presentar serias dudas. Da para pensar que algún interés oculto hay en quien organiza estas discusiones. La cuestión no es tan fácil como decidir la cancelación de este formato comunicacional, porque tampoco se puede dejar de utilizar el valioso recurso del intercambio de ideas entre los candidatos.
Todos los comunicadores tenemos ideología. Nuestro corazón nos inclina a un candidato más que a otro. De por medio pueden haber relaciones familiares o de amistad. Está en nosotros actuar con templanza y equilibrio en la próxima campaña electoral.
Por lo pronto, en
(Blog escrito mientras retumbaron espectaculares conciertos de Nine Inch Nails y Radiohead. A todo decibelio)