lunes, marzo 12, 2007

Cuencanos eclipsados en Bogotá (parte 3 y final)

La ansiedad contenida por más de media vida para muchos de los asistentes, tuvo su recompensa a las 7 y 17 de la noche del viernes 9 de marzo de 2007 en el espectacular escenario montado en el Parque Simón Bolívar de Bogotá, cuando un elegante y largo caballero canoso, nacido en Cambridge, Inglaterra e hincha del Arsenal, arrancó su concierto con la potente y explosiva “In The Flesh?”, provocando un griterío general que a momentos opacaba el perfecto sonido.

Brain Damage

Los primeros momentos fueron de locura colectiva. Una especie de “¡no puede ser cierto lo que estoy sintiendo Dios mío!” Fue por la contundencia de la canción acompañada del video en la pantalla de altísima definición; las explosiones, pirotecnia y efectos a cargo de F/X, la empresa que, entre otros, ha producido las ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos, el Mundial de Fútbol y efectos especiales para Hollywood y Las Vegas; y, el sonido envolvente Surround que copa los cuatro costados del parque. Si por esta histeria se acabaron algunas neuronas y se lastimó la garganta, la excusa fue justificada.

A continuación, les presento el video que lo capté desde mi celular:

Casi enseguida llegó “Mother” para apaciguar el estado casi demencial de muchos impactados. Y luego, la más añeja de todas “Set The Control For The Heart Of The Sun” acompañada de los primeros videos de Pink Floyd en blanco y negro.

Tras los saludos, con “polla" en la mano, en un español muy precario, Mr. Waters se enfiló hacia “Shine On Your Crazy Diamond”, con coro cantado nuevamente por la audiencia, mientras el espíritu de Syd Barrett rondaba el parque.

Siguió con la energética “Have A Cigar”, hasta que las lágrimas brotaron y los celulares se marcaron para llamarle a algún ser querido y decirle “escucha esto es para ti” cuando empezó “Wish You Were Here”, mientras levantaron sus brazos para acercar más el sonido al móvil. Otros, en cambio, entre sollozos optaron por el silencio y el recuerdo de algún ser querido que ya no está en este mundo, pero que si viviera, seguro hubiese estado ahí. La seductora y dramática melodía se convirtió en el segundo climax de la noche.

El video de la canción mírelo usted mismo:

Arriba en el escenario, seis instrumentalistas y tres cantantes acompañaron con la precisión milimétrica que exige un perfeccionista como Waters. El concierto fue perfecto en todo sentido: artístico y técnico. La sincronización entre intérpretes, video, sonido y pirotecnia comulgó con el cielo despejado y el público entregado por completo.

Speak To Me

Después les tocaron a los temas más waterianos: “Southhampton Dock”, “The Fletcher Memorial Home” y la bella balada “Perfect Sense” de “Amused To Death”, en la que el video de un submarino lanzando misiles nos introdujo en el segmento político de la noche. Entonces Roger habló en su inglés británico para presentar una de las canciones más comprometidas que ha escrito: “Leaving Beirut”. Presentó este largo tema contando una historia de cuando tenía 17 años y había viajado a Líbano. La canción toca el obsesivo asunto de la guerra y vapulea al militarismo norteamericano, británico e israelí, al tiempo que un video animado con la letra de la canción acompañó este cuento gráfico. Ha sido la canción más controvertida de su gira y la que le ha valido críticas cuando la ha cantado en Estados Unidos e Israel. (A continuación, vea el video de la presentación de este disco).

Sin embargo, la mayor controversia política se dio enseguida con “Sheep”, cuando por un costado del escenario se elevó un cerdo de diez metros de largo y sobrevoló el parque pintado con mensajes como “El patrón Bush visita el rancho de Colombia”, “Libre al fin”, “Paz-Colombia”, “Devuélvanle la tierra a la gente” y “Kafka tenía razón”. En el escenario tronaron los gritos alargados de Waters y las fotos de Bush se mezclaron con las de Bin Laden y Stalin, entre otros. Los gritos al unísono de la gente contra el hombre más poderoso del mundo provocaron el tercer climax cuando el chancho fue soltado y se perdió por los cielos bogotanos. (Ver el video de "Sheep).

La primera parte llegó a su fin con la audiencia extasiada cuando el bajista de Pink Floyd anunció la pausa de 15 minutos para volver con el plato fuerte de la noche: The Dark Side Of The Moon de principio a fin.

Breathe

En este tiempo para tomar un respiro y ordenar las ideas, un grupo de cuencanos nos reunimos para comentar la maravilla a la que estábamos asistiendo como una especie de privilegiados y escogidos para visitar este edén fugaz e inolvidable. Las lamentaciones fueron para los que no pudieron venir a esta peregrinación a La Meca rockera. Mientras las dilucidaciones de tanta belleza nos llevó a hablar en voz alta, una enorme luna copó la pantalla y los sonidos retumbantes de los latidos del corazón, a través de los parlantes ubicados alrededor de la gente, anunciaron que habíamos ingresando al lado oscuro de la luna.

The Dark Side Of The Moon

No se puede aportar más a los elogios de una obra perfecta de la música que lleva este título y de la cual tanto se ha escuchado, hablado y escrito. Pero si podemos hablar de lo que fue vivirla en concierto.

Debo escribir en primera persona porque, a excepción de “Money”, todo lo demás lo admiré en silencio y al borde de la catarsis espiritual. A momentos tomándome la cabeza con las manos, a ratos abrazando emocionado a Ofelia y a ratos callado y estático, disfrutándolo, solo eso, disfrutándolo.

Capítulos aparte merecen señalarse para el mejor momento del sonido envolvente que lo puso “On The Run”, tres minutos y medio de locura instrumental, donde los sonidos brotaron de todas partes en una versión un tanto diferente a la original. Fue como estar en un gigantesco home theater. “The Great Gig In The Sky” fue un transporte a otro mundo. “Money” puso a todos a cantar, mientras “Us And Them”, esa balada psicodélica con efectos de eco, elevó las emociones hasta el espacio sideral.

Con “Eclipse” se cerró esta magnifica y perfecta ópera rock cantando todos “I’ll see you in the dark side of the moon”. Al mismo tiempo, en lo más alto del escenario, un prisma brillante, símbolo del álbum conceptual más vendido de todos los tiempos, proyectó un haz del arco iris que viajó tocando a los asistentes que lo recibieron a manera de comunión con los brazos en alto. Si la primera parte tuvo momentos cumbres, esta segunda fue un nuevo y muy, muy largo apogeo.

“Roooger, Roooger, Roooger” fue el coro de veinte mil gargantas que pedían y sabían que había más.

El único bis trajo “The Happiest Days Of Our Lives” y a Rogelio presentando personalmente a un coro de niños de la Alianza Educativa de Bogotá que cantaron con todo el parque “Another Brick In The Wall”. Despedidos los niños con un beso afectuoso, el bajista, pocas veces visto como ahora de muy buen humor, enfiló hacia sus tres últimas composiciones: “Vera”, “Bring The Boys Back Home” y el delicioso postre de “Comfortably Numb” que volvió a arrancar lágrimas de felicidad y tristeza, sentimientos encontrados porque cosa tan buena llegaba a su fin y por la belleza y espectacular ejecución de la canción.

Las luces se apagaron y tras una larga ovación, el músico se despidió cometiendo su único error. En su destartalado español dijo: “Y finalmente, feliz cumpleaños maestro Gabriel García Garcés”. Risas y perdones para decirle adiós, al filo de las 10 de la noche, al culpable de tanta felicidad.

Any Colour You Like

Caminar unas diez cuadras acompañados de una amable pareja de jóvenes hasta encontrar un taxi; compartir con Sebastián, un educado y afectuoso joven de 19 años, estudiante de la Universidad Javeriana, pinkfloydiano como todos los que fuimos; y, haber sentido el calor y la cultura de los bogotanos fue el cierre de este periplo que esperamos contarles a nuestros nietos, algún día, como una de las cosas más bellas que hemos vivido.

Al día siguiente, en el cuarto de preembarque del aeropuerto, uno a uno llegaron los cuencanos con un pocas veces visto chuchaqui feliz. Algunas frases capturadas fueron las del Buho Domínguez: “Puedo morir en paz”; de Martín Cobos: “Esto valió cada dólar que me costó”; o, de Cuky Ordóñez, el empresario que llevó a un grupo: “Después de esto, acepto propinas”.

En lo personal, no hemos podido encontrar las palabras exactas para expresar lo que sentimos en realidad. Solo escribiendo esta larga nota nos liberamos de esa ansia de querer contarlo. Otra cosa es haber estado ahí y durante casi tres horas haber sido eclipsados por quien ha formado parte fundamental de nuestras vidas.

1 comentario:

Dario Orellana dijo...

Recibí unas semanas antes del concierto un flyer sobre Pink Floyd, el viaje costaba 200 y pico, incluía el viaje y la entrada. Ahora que acabé de leer las 3 entradas, debo decirle que mientras leía el relato me emocioné tanto como si hubiera estado ahí en el concierto. Mis amigos siempre me dicen lo genial de Pink Floyd. Yo creo que me llegó la hora de explorar a la banda de leyenda, aunque sea un poco tarde. Su gran relato me ha dado un último empujón hacia mi curiosidad.