domingo, abril 08, 2007

Luchito, misericordioso y vengador

Parco y vestido de terno claro, el capitán Vinicio Luna ingresa nervioso al set del programa de chismes de la farándula criolla “Vamos Con Todo”. Sus amigos Ángelo Barahona, Jessenia Jati, Paloma Fiuzza, Oswaldo Segura y Janine Leal lo reciben afectuosamente. Es de esa misma manera como sucederá la entrevista, si así puede llamarse a eso que más parecía a una conversación de camaradas en un bar. Luna respira tranquilo. Sonríe y se sienta en la butaca en medio de ellos.

Los asentimientos condescendientes se mezclan con los escotes, extensiones, pestañas postizas, maquillajes, botox y siliconas convirtiéndolo todo, incluyendo a la entrevista, en un solo artificio. Bueno, no se puede esperar más de nuestro periodismo de comadreo.

Más bien, los temas que pellizcan la conciencia de Luna y que son los mismos que inquietan a la teleaudiencia quedan de lado y lo que podía haber sido un buen trabajo de escrutinio periodístico termina en meras intenciones.

Al final, los abrazos, besos y agradecimientos de los entrevistadores caen como dulces indulgencias dentro de una sociedad que hace un año condenaba el tráfico de personas, utilizando el nombre de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, FEF.

La FEF es un ente privado y que, bajo este argumento, puede decidir lo que le venga en gana. Por esto, su presidente Luis Chiriboga y su directorio decidieron reintegrar a Luna como coordinador de selecciones nacionales hace pocos días, desatando una polémica enorme que ha provocado la queja pública de algunos de sus miembros, como el alcalde de Azogues y presidente del club del mismo nombre, y la renuncia del Coronel José Ribadeneira, miembro de la Comisión de Selecciones.

En el otro lado de la polémica está otro incriminado por la justicia, esta vez deportiva. Agustín Delgado, el referente de la palabra Ecuador cuando alguien pisa tierras extrañas, es víctima del odio y de la revancha por parte de la misma FEF. El goleador histórico de la Tri hoy es reo de su mal comportamiento en el partido Barcelona-Liga de Quito al finalizar 2006. Luego de los incidentes fue castigado con la suspensión de un año calendario, exagerada a decir de muchos, tomando en cuenta la magnitud real de los hechos y además que el Tin está en el ocaso de su carrera y esa sanción ha caído como su lápida.

Hace pocos días, la FIFA, es decir, el organismo mundial del fútbol, ratificó la sanción al jugador. Lo que ha desatado la otra gran polémica es que ha sido el directorio de la FEF el que pidió e insistió en la ratificación de la pena al deportista.

El columnista Xavier Lasso escribe en El Comercio el pasado jueves 5 de abril lo siguiente: Lo que en el fondo se “castiga” es el atrevimiento del Tin Delgado de reclamar los premios ofrecidos por las clasificaciones. El Tin levantó su voz, protestó. Eso es lo que no perdona el estilo de Luis Chiriboga: sus muchachos tienen que ser sumisos, sobre todo porque la única relación que vale es aquella que heredamos de la hacienda.

Volviendo al caso de Luna, Diario El Telégrafo informó el 4 de abril que la FEF violó el Código de Ética de la FIFA al haberle reintegrado. El artículo tres es claro: "Se elegirá como funcionarios oficiales y miembros de órganos únicamente a aquellas personas que se destaquen con una conducta moral intachable y se comprometan a acatar sin reservas las disposiciones del presente Código Ético. Toda persona que no cumpla o deje de cumplir estas condiciones no es ni será elegible como funcionario oficial o miembro de órganos, o se le retirará de su cargo. Igualmente, se excluye a toda persona con antecedentes penales y cuya condena no sea compatible con el desempeño de su cargo”.

Luchito, le dicen sus amigos, los de la manada de la hacienda llamada FEF, los periodistas que le dicen si y asienten en coro. Los de los viajes con todo pagado. Misericordia para Luna, venganza para el Tin. Silencio en los grandes medios de comunicación. Esto solo pasa aquí, en Ecuador, mi paìs.

jueves, abril 05, 2007

Con fecha de caducidad

Una soleada mañana de domingo, a principios de los ochentas, se presentó en el estadio, ante miles de ansiosos y bulliciosos niños y adolescentes cuencanos, un grupo de cinco famosos chicos que se distinguían más por su coreografía y facha, antes que por sus dotes de cantantes o músicos.

Vinieron en el apogeo de su celebridad. Tanto fue así, que llegaron en su jet propio que tenía pintado su nombre en el fuselaje. Esa explosión de popularidad, en ese momento llamada Menudo, abrió paso para que cada una de las siguientes generaciones de púberes tengan su ícono referencial de idolatría fugaz.

El marketing, que ve todo bajo la óptica del lucro, descubrió a inicios de los ochentas, que los niños y los adolescentes son los consumidores menos exigentes cuando de música se trata.

Así nació el proyecto, más bien la empresa puertorriqueña, llamada Menudo con chicos que se reciclaban, porque a su creador, el panameño Edgardo Díaz inspirado en los Jackson 5, se le ocurrió la fórmula de reclutar niños de 12 años y desecharlos a los 16.

Lo que Díaz no advirtió es que cuando alguno de los jóvenes famosos abandonaban forzosamente el quinteto, también se iban con él sus fans. Y además, llegó el hastío y la falta de innovación que terminaron por agotar a los pequeños consumidores.

Luego vinieron Los Chamos en Venezuela, Timbiriche en México, Bandana en Argentina, New Kids On The Block en Estados Unidos, entre otros. Todos ellos compartían las caras bonitas y el baile sincronizado como elementos indispensables por sobre el talento, la voz o las dotes musicales que poco o, más bien, nada importaban a los empresarios-productores.

Hoy y mañana, la fórmula seguirá siendo exitosa porque siempre habrá nuevas proles que serán sorprendidas y fascinadas por las empresas del marketing del espectáculo. Solo es cuestión de esperar el lanzamiento de la telenovela. Luego vendrán los discos, los dvds, las giras, la despedida y el reencuentro, mientras las cajas registradoras no pararán de sonar hasta la llegada de la nueva generación y el nuevo proyecto del merchadising.

En estos días, pese a las feroces críticas, el penúltimo –siempre habrá un último- espasmo de la industria musical llamado RBD vuelve a Cuenca. Según el diario “El Nuevo Herald” de Miami, “los Rebeldes demostraron que no cantan, no tocan flauta, ni ningún otro instrumento al menos en escena”.

La crítica es lapidaria cuando dice que "lo que sí faltaron fueron voces protagónicas, ya que ninguno sobresalió como cantante. Sus voces, por lo general, endebles y desabridas, carecían de dominio en la modulación y escucharlos por casi dos horas resultó desesperante".

Mientras que Jordan Levian, la comentarista del diario “The Miami Herald”, señaló que "es difícil escribir una crítica musical sobre RBD cuando la música no es lo que cuenta". Y termina de una forma satírica y despiadada: "en gran parte del concierto, la audiencia estaba cantando tan fuerte que era difícil escuchar al grupo RBD. Lo que les venía bien".

Pero, no todos los artistas que en los últimos tiempos vienen a Cuenca están en la decrepitud de sus carreras o son como los RBD -con fecha de caducidad-. Hay que aplaudir a los empresarios que en los últimos tiempos han traído a grupos de gran calidad artística como Moenia y que próximamente presentarán a Panda.

martes, abril 03, 2007

Jesús Camp y el ayuno

El apretado terno habano y la camisa que oprimía su cuello revelaban que había subido de peso. El exuberante pastor con el micrófono en su mano derecha, se secaba el sudor de la frente con su pañuelo en la otra mano y se movía por el escenario de la iglesia. Dirigía su prédica a un tema que no le favorecía nada: el ayuno.

Dos días antes, lo vi en un patio de comidas a las 5 de la tarde. Llevaba en su bandeja un variado surtido de roscas, pastas y bebidas. En ese momento no me importó. Al final, cada quien hace lo que quiere con su vida.

Pero cuando apareció en el sermón dominical para hablar de los varios tipos de abstinencias, no pude más que soltar una carcajada por semejante hipocresía. Lo que me llamó luego la atención fue una de sus frases: “el ayuno nos libera de los demonios”. O sea, el pobre está atrapado por legiones de luciferes.

Han pasado dos años de aquella escena. Me ha vuelto a la mente el mencionado predicador cuando he visto, gracias a la piratería, hay que admitirlo, el documental “Jesús Camp”.

La película enfoca el adoctrinamiento en las iglesias evangélicas de Estados Unidos a los niños en campamentos de verano. La pastora evangélica Becky Fisher es tan voluminosa que provoca temor a la primera impresión. Se encarga de llevar a los niños a los cuarteles de “Kids On Fire Summer Camp”.

Allí, junto a otros instructores, se encargan de enseñarles a hablar como adultos a niños que van de los seis a los doce o trece años. Les llaman “soldados de Cristo” en ese proceso de forzosa maduración para la guerra religiosa del futuro. Veneran una imagen de George Bush como si fuera un Dios. Los hacen llorar y temblar cuando entran en trance con los brazos en alto.

En el proceso de formación les “enseñan” que el calentamiento global es mentira; que la teoría de la evolución darwiniana no existe y es una herejía; que Harry Potter es enemigo de Dios; que la Tierra solo tiene 6.000 años; entre otras patrañas más.

Pero el documental también enfoca el otro lado. El periodista Mike Papantonio denuncia el fundamentalismo evangélico que no respeta la división entre Estado e Iglesia. Revela que están formando a los futuros líderes republicanos bajo el artificio religioso. Al final se enfrenta con la pastora Fisher en un programa de radio.

“Jesús Camp” es una excelente película para verla durante la Semana Santa. A ver si alguien les hace llegar una copia a esos sepulcros blanqueados que cada domingo se golpean el pecho proclamando el ayuno, la penitencia y la caridad en nombre de Dios. Ya lo dijo Gandhi: Todo lo que se come sin necesidad, se roba al estómago de los pobres.

domingo, abril 01, 2007

¿Simples coincidencias?

Es el comentario que copa la atención de los cuencanos en charlas, pasillos, cafés, restaurantes, reuniones sociales o de trabajo en estos días. No es precisamente acerca de la crisis jurídico-política del país. Tampoco se trata de la Semana Santa que viene o de la celebración de los 450 años de fundación de Cuenca. Es el escandaloso intercambio de favores ocurrido en la empresa Hidropaute.

El colega universitario, el pariente cercano, el amigo, el alumno o el oyente que nos llama al teléfono o envía sus mensajes por celular, correo electrónico o fax coinciden en condenar el presunto tráfico de influencias, del que el ministro de Energía y Minas, Alberto Acosta, no pudo rebatir cuando vino a la ciudad.

Bajo la desgastada figura de la denuncia, el diputado Carlos González lanzó al país, el viernes 23 de marzo, la acusación de “irregularidades en seguros de Hidropaute”. El plan se puso en marcha. Los siguientes días vinieron las aclaraciones de los aludidos justificando sus procedimientos. Pasaron por los micrófonos de la radio el Presidente Ejecutivo de la empresa René Morales y el ex-presidente del directorio Paúl Carrasco.

Todo se perfeccionó cuando el mismo ministro Acosta, la tarde del jueves 29 de marzo, anunció el nombramiento de Esteban Albornoz, primo hermano del diputado como nuevo presidente de una de las empresas públicas más grandes del Ecuador. “Son simples coincidencias”, dijo el secretario de estado ante el cuestionamiento de Carlos Ochoa.

Lo que pocos saben es que Hidropaute S.A. es la tercera empresa con más activos del Ecuador, solo detrás de Petroecuador y el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP). Es la cuarta que más impuesto a la renta causa. Es la quinta empresa que más gana con utilidades de 59 millones de dólares en 2004. Nada de pérdidas como arrojan otras enormes empresas estatales como Andinatel, Pacifictel o Telecsa. O sea, Hidropaute ha sido eficiente pese a pertenecer al sector público tan criticado por los privatizadores.

El removido Presidente Ejecutivo llegó a ese cargo por concurso de méritos y suma treinta años de experiencia. Mientras que el primo del diputado, que se desempeñaba como asesor de la institución y es presidente del Colegio de Ingenieros Eléctricos del Azuay, fue designado directamente por el ministro.

Si alguien creía que en el gobierno del presidente Rafael Correa se iba a acabar el palanqueo; el toma y dame; la compra de conciencias, estaba muy equivocado.

Pero no solo es el diputado naranja el favorecido de la palancocracia. También lo es el otro diputado gobiernista, Fernando Cordero, quien ya va cobrando tres cargos en la burocracia a cambio de su voto: la secretaría del CONAMU y la subsecretaría de SEMPLADES para María Caridad Vázquez y la Corporación Aduanera Ecuatoriana, CAE, para Gerardo Maldonado. Pero este será otro tema para comentarlo.

miércoles, marzo 28, 2007

¿Qué estás haciendo Lobito?

Un engominado y edulcorado David Burbano garabatea unos pasos de reggaetón cuatro años después de su salto a la fama. En aquel tiempo, el susceptible cuencano con pelaje de metalero rebelde se había ganado el afecto de los ecuatorianos, tras el incidente con su antagonista: el antipático y presumido capitalino.

Hoy, en marzo de 2007, David ha mutado del “Hombre Lobo”, personaje a través del que opinaba en el programa “Primero Lo Primero” de Pablo Guevara en la Súper 9’49, a finales de los noventas; a éste pintoresco y neófito danzarín.

Durante estos años del post-Big Brother, Burbano ha intentado varias experiencias mediáticas en las que la inestabilidad ha sido su hábito. Hasta que llegó a ETV Telerama en donde lanzó el ancla y desde entonces no ha vuelto a su vaivén gitano.

Su aureola también ha perdido algo de brillo, sobre todo en Cuenca, luego de un confuso suceso en el que se negó a realizarse una prueba de alcoholemia tras un incidente de tránsito. En esa ocasión dijo que no tenía dinero para pagar esa prueba y que sufría una fuerte gripe.

Sus enemigos, muchos de ellos gratuitos que no se tragan su facha de marginal, no han tenido escrúpulos para acusarle de todo lo que su aspecto les presupone, reproches sin fundamento, la mayoría de las veces; pero también por simple y malsana envidia.

En Bailando Por Un Sueño, el enmohecido danzarín de seguro no se llevará el primer premio del concurso. Eso lo sabe y lo ha dicho públicamente. En un programa que lidera el rating de la tv ecuatoriana, su deseo es resistir lo más posible, sorprendiendo con alguna locura estilo Gran Hermano, como besar a Juancho, por ejemplo.

Los realitys como éste, con algunas figuras mortecinas que hace rato recibieron el pitazo final de sus 15 minutos, servirán para volver a invocar a esa esquiva dama llamada fama. Necesitados hay muchos, o si no vean a la ex de Paul McCartney, la estigmatizada vampira Heather Mills que también concursa en la versión inglesa de Bailando Por Un Sueño, pese a la prótesis en una de sus piernas.

Así que, Lobo, no te preocupes si no sabes bailar, porque aún hay colores en la paleta de tus locuras y, sobre todo, audiencia que te vea.

martes, marzo 27, 2007

Desalmados

Cada mañana, antes de levantarse y ponerse sus lentes, a don Miguel Tenecela le envuelve una terrible angustia que le oprime el pecho y le quita el aire. Con un nudo en la garganta, apenas sale de su casa del barrio Jesús del Gran Poder, sabe que deberá enfrentar esa amenaza diaria que le viene encima.

Pero el pasado miércoles 21 de marzo, sus temores se volvieron una desgraciada realidad. Subió con el rostro tenso al bus 07-0409 de la empresa Tomebamba que cubría le ruta Miraflores-Parque de la Madre para dirigirse a su trabajo en el CIDAP.

Con su mano temblorosa, latidos acelerados y mirada intranquila entregó una moneda de veinticinco centavos al ayudante o chulío, como se le conoce. Entonces se desencadenó su desdicha. Don Miguel, le exigió el vuelto porque, a sus sesenta y siete años, sabe que la Ley del Anciano –artículo 15- le permite gozar de la exoneración del 50% de las tarifa de transporte.

“Vos no eres de la tercera edad”, le respondió el insolente acomodador. El anciano le dijo que le iba a mostrar la cédula –tal como lo ordena la ley-. Pero al momento de llevar su mano al bolsillo posterior del pantalón, un puñetazo del chulío le impactó de lleno en el rostro, lanzando sus lentes al piso del bus y provocando el reclamo de varios pasajeros contra el cobarde.

La estupidez humana no quedó ahí, cuando un policía que viajaba en el colectivo –representante de la institución a la que le confiamos nuestra seguridad- se rió ante el reclamo del ciudadano y le dijo “mejor siéntese, no le pasó nada”.

Humillado, adolorido y, sobre todo, avergonzado bajó del bus y llegó a la radio para denunciar aquello que ya no aguantaba más y que ese día degeneró en lo abominable.

Así como don Miguel Tenecela, todos los días, miles de niños y personas de la tercera edad son víctimas de los peores desprecios por los buseros y chulíos frente a la indiferencia criminal de las autoridades llamadas a hacerle cumplir la ley.

Todos los días, pequeñitos cargando sus pesados carriles, corren detrás del transporte que, cruelmente, no se detendrá, mientras el chofer “juega” a detenerse y se ríe con el chulío por semejante hombrada.

¿Lo solucionará esto la Asamblea Constituyente en la que muchos confian?

Imposible, porque la primera revolución que debemos emprender los ecuatorianos es la de nuestras conciencias y, por supuesto, la educativa y cultural, de la que la mayoría de buseros y chulíos carece.

Mientras tanto, don Miguel Tenecela deberá seguir lidiando con sus fantasmas del humillante transporte urbano.

domingo, marzo 25, 2007

Vandalia

El distinguido médico que se apuraba a salir a su trabajo, con las prisas diarias y los segundos contados, no podía creer lo que estaba pasando a las siete de la mañana del miércoles 21 de marzo, cuando frente a su casa, un bus estaba cruzado a lo ancho de la calle y no le permitía sacar su auto del garaje.

No había caso, toda la calle Juan Jaramillo, desde la Padre Aguirre hasta la Huayna Cápac, estaba bloqueada por los buses urbanos azules. Pese a los ruegos y explicaciones legítimas, los choferes no le tomaron en cuenta y ni siquiera le respondieron.

El centro histórico había sido estrangulado tras la decisión trasnochada la víspera por la Cámara de Transporte de Cuenca. Una medida de presión para exigir que les dejen pasar por esa calle, mientras los frentistas se oponen a ello. Es decir, un conflicto que puede ser resuelto por jueces o autoridades con la sencilla aplicación de las leyes y ordenanzas, pero, sobre todo, por el sometimiento de las partes a la legalidad. Ni los buseros son los dueños de las calles de Cuenca, ni los habitantes de la Juan Jaramillo, que también amenazan con cerrar la vía, son privilegiados como para que no pase una sola linea de buses.

Pero no, lo que aquí impera es la ley del más fuerte, del más bruto, del prepotente e intocable. Los hechos consumados sobre los consensos. La fuerza sobre la tolerancia. La inseguridad jurídica sobre la jerarquía de las normas. El grito destemplado sobre la civilidad. En fin, el tumulto delirante sobre la razón.

Han pasado cuatro días de semejante conducta primaria y ¿dónde están las autoridades municipales o de la gobernación del Azuay para sancionar semejante irracionalidad?

El oscuro círculo de la barbarie se cierra cuando ningún ciudadano se atreve a presentar ante la fiscalía, una denuncia; porque saben que irá a extinguirse, para siempre, en un arrinconado y apolillado archivo.

Los que creen que la Asamblea Constituyente solucionará todas estas agresiones están equivocados. Ese espejismo que nos venden nuestras autoridades dejará de ser una fantasía cuando cada uno de nosotros, en nuestro interior, empecemos cambiando de actitud; y, uno de esos cambios empieza por respetar las leyes. Así de simple.

Con razón, un querido amigo cuencano que hoy vive en Quito, me pregunta, al referirse a Cuenca, cada vez que hablamos por teléfono, “¿cómo va Vandalia?”.

martes, marzo 20, 2007

El burrito Ortega nos dice lo que somos

El jueves 15 de marzo, el diario Extra, el más vendido del país, publicó en su sección deportiva una caricatura de Ariel Ortega, jugador de River Plate, con una botella en la mano, orejas de burro, las mejillas y la nariz coloradas, los ojos desorbitados a medio cerrar y las onomatopeyas "¡Hick! ¡Hick! ¡Hick!". El pie del dibujo dice “El “Burrito” Ortega jugará unos cuantos minutos en Quito, pero sin trago”. La intención de provocar una sonrisa entre los lectores ecuatorianos fue proporcional a la irritación que padecieron los rioplatenses.

¿Por qué el tratamiento de los problemas con el alcohol es tan diferente para los medios de comunicación ecuatorianos y argentinos?. Porque en otros países más civilizados cuando algún personaje decide someterse a una cura de sus excesos, recibe el apoyo de toda la sociedad que van desde el afecto hasta los deseos de recuperación para que vuelva a ser lo que fue. En Ecuador, en cambio, es objeto de burlas, desprecios u olvidos.

Cuando Ariel Ortega confesó su enfermedad, recibió la más amplia solidaridad, expresada, no solo por sus compañeros de equipo, sino por todos los futbolistas de su país a través de muchos medios; los hinchas con las pancartas que exhibieron en el estadio Monumental; y, por la sociedad en general.

Pero acá, el vicio del alcoholismo está tan arraigado que lo tomamos como algo normal, común y, lo peor, una declaración de libre albedrío, un asunto de valientes, rebeldes y voluntariosos; es decir, lo aceptamos como un estilo de vida.

Es el padre que inicia al hijo, casi niño, a beber sus primeras copas. Es el compañero más pilas del colegio el que obliga al nerd a pegarse la primera borrachera; y que cuando llega a la casa, pálido y vomitado, su padre apenas le reprende porque a él también le sucedió lo mismo. Es la tienda del barrio a la que le puede faltar todo menos un amplio stock de trago de toda marca, color, grado y variedad. Es el espacio más privilegiado de la camiseta del Deportivo Cuenca, equipo emblema de la ciudad “más culta del Ecuador”, ocupado, desde hace muchos años, por marcas de bebidas alcohólicas que se disputan, cada diciembre, esa patente permisiva. Son las fiestas con “barra libre” –léase borrachera general-, en donde las licoreras se asemejan a los "dealers" que regalan a los jovencitos los primeros toques de la droga. Son las masivas campañas publicitarias que identifican el consumo de esta droga con bienestar, belleza, status, amistad, vida, raza superior, alma. Son los concursos, eventos deportivos y culturales –entre ellos de la misma Unión de Periodistas del Azuay (UPA)-, también patrocinados por este veneno. Al final de cuentas, todos levantamos los hombros porque no hay familia ecuatoriana que no cuente por lo menos un adicto. Por eso y mucho más, el alcoholismo es un estilo de vida de nuestra comunidad.

Pero también son los huérfanos y viudas a los que les cuesta media vida recuperarse anímica y económicamente. Son las esposas maltratadas que viven en silencio amargo sosteniendo su remedo de matrimonio. Son los padres y su dolor infinito a los que el idioma español no inventó una palabra como huérfano o viudo para retratarlos. Son las enormes cuentas que al Estado le cuesta la educación, horas no trabajadas, hospitalizacion, tratamientos y mortuoria. Son los muertos y mutilados en calles, carreteras y hospitales; cifras nada más, números fríos para las estadísticas y punto.

Por eso, cuando el Extra publicó el garabato ofensivo, la mayoría de ecuatorianos lo tomó con gracia; un chiste que arrancó sonrisas. Al final de cuentas esa caricatura refleja lo que somos. ¿O no?

lunes, marzo 19, 2007

Little Miss Sunshine, la última ilusión de los perdedores

Cuando Kurt Cobain decidió despedirse de su mundo cruel, algunos pensaron que el trono del planeta rock lo iba heredar un melenudo cantante salido de la escena indie que había alcanzado el éxito comercial con “Loser”, una canción que habla de lo que un gringo común nunca desearía ser: un perdedor.

Beck Hansen, o solo Beck, repite frases como “Im a loser baby, so why dont you kill me?” (Soy un perdedor nena, ¿por qué no me matas?). Hoy, catorce años después, nadie ha podido aún reemplazar al icónico jefe del grunge, mientras que Beck se ha extraviado en placas experimentales e intimistas que le han desconectado con el gran público amante de nuevos superhéroes.

Que a alguien de nosotros nos digan “perdedor” quizás no nos provoque mayor aflicción. Pero en el despiadado capitalismo estadounidense ese término es uno de los más ofensivos y encarnecedores. Esa es la razón por la que Beck canta con sarcasmo a todos los demás que nunca ganan en la eterna competencia de la vida.

En la película Little Miss Sunshine, indie para variar, se enfoca este asunto en una familia de perdedores. La comedia dramática acaba de ganar los Oscar al Mejor Guión y al Mejor Actor Secundario (Alan Arkin, el abuelo). A excepción de Olive (Abigail Breslin), la inocente y primaveral niña de 7 años, los desilusionados Hoover representan a los diferentes tipos de losers de la sociedad gringa: el abuelo drogadicto y pornógrafo; el tío homosexual no correspondido y desempleado; el hermano tímido, mudo por decisión y nihilista; el padre fracasado y obsesionado por triunfar; y, la madre preocupada y abatida por todos los problemas.

Little Miss Sunshine es una película de carretera; una comedia-aventura a bordo de una furgoneta Volskwagen destartalada en la que la familia viaja mil kilómetros al concurso de belleza de la cautivadora Olive, la menos disfuncional de los Hoover.

Aunque el final moralista no guste a algunos que esperarían un cierre más realista o menos hollywoodiano, cabe resaltar escenas que le dan belleza a la película:

a) El silencio solidario y el brazo de Olive en el hombro de su hermano Dwayne.

b) Los gestos cómplices del abuelo y Olive, ensayando para el concurso de belleza.

c) El baile casi erótico de Olive de la deliciosa canción “Superfreak” de Rick James, frente a sensualizadas niñas monstruosas.

Si las películas tratan de dejar una moraleja, en Little Miss Sunshine, esa es aquella en que solo la comprensión de las debilidades y problemas y la comunicación familiar pueden hacer llevadero este camino de la vida para los perdedores, o sea, para casi todos nosotros.

¿Y Usted ya la vió?

domingo, marzo 18, 2007

Tránsfugas

Una cámara de Teleamazonas pilló a un puñado de diputados suplentes de la oposición a la salida de una reunión con funcionarios del gobierno en una hostería de Puembo, a las afueras de Quito. Llenos de vergüenza, cubrieron sus rostros con sus manos, manteles o carpetas, tal cual lo hacen los delincuentes capturados y que son presentados públicamente por la policía.

A los dos días, Lucio Gutiérrez, en el colmo de la desfachatez política, se quejó de la compra de conciencias de varios de sus legisladores que, desde entonces, no le contestan los celulares y acusó al manoseado “hombre del maletín” como único culpable de tan terrible acontecimiento.

Lo que Gutiérrez no entiende es que él también es tan responsable, como el gobierno, por la deserción de sus reservistas. Semejante tipo de corrupción, para perfeccionarse, requiere tanto del corruptor –cohechador- como del corrompido –cohechado-.

Cuando se reúnen las directivas de los partidos o movimientos para elaborar las listas de sus candidatos, los nombres de los suplentes son, por lo general, rellenados con los que proponen los titulares. Gente de confianza, familiares y hasta deslustrados personajes se ubican detrás del primero.

Así, ha habido casos como el de Luis Almeida –hoy en Sociedad Patriótica-, que fue relevo de su esposa; o, de varios Bucaram del PRE que también se han camuflado detrás de los principales.

La compra de conciencias es uno de los crímenes políticos más graves y más comunes que cuenta nuestra historia. Desde el recordado “clavijazo” como se llamó al acto por el cual, en la recién inaugurada democracia, a inicios de los años ochenta, el diputado cañarejo Ezequiel Clavijo se pasó públicamente a lado del gobierno, inaugurando la era de los cambios de camiseta; hasta el reciente “mantelazo” de los suplentes, los ecuatorianos hemos sido testigos asqueados de estas trapacerías.

¿Por qué seguimos cayendo en estos repugnantes lugares comunes? La respuesta pasa por el nivel de educación en valores de la mayoría de nuestros representantes que llegan a las alturas del poder con las consignas del “¿cuánto hay?”, del toma y dame, del chantaje, de la figuración personal y del abuso del poder en todas sus formas, porque después de esta oportunidad, es posible que no haya otra.

Los ecuatorianos seguiremos mandando a tanto inmoral, insulso, charlatán y farandulero al congreso mientras no se cambien las condiciones que la ley de elecciones exige para tener la calidad de auténticos representantes.

¿La Asamblea Constituyente podrá remediar semejante desvergüenza? Tal parece que no, porque para ser asambleísta, el único requisito es haber cumplido 20 años de edad. Nada de exigencias académicas dice el estatuto. Y es que no estamos eligiendo la directiva del barrio. Estamos escogiendo a los ciudadanos que van a redactar una nueva Constitución y con todos los poderes.

Con el escaso tiempo que habrá para conocer a los candidatos, no es difícil creer que los ecuatorianos terminemos cometiendo los mismos errores del pasado, es decir, eligiendo a una mayoría de los mismos estúpidos, ladrones y tránsfugas de siempre.

lunes, marzo 12, 2007

Cuencanos eclipsados en Bogotá (parte 3 y final)

La ansiedad contenida por más de media vida para muchos de los asistentes, tuvo su recompensa a las 7 y 17 de la noche del viernes 9 de marzo de 2007 en el espectacular escenario montado en el Parque Simón Bolívar de Bogotá, cuando un elegante y largo caballero canoso, nacido en Cambridge, Inglaterra e hincha del Arsenal, arrancó su concierto con la potente y explosiva “In The Flesh?”, provocando un griterío general que a momentos opacaba el perfecto sonido.

Brain Damage

Los primeros momentos fueron de locura colectiva. Una especie de “¡no puede ser cierto lo que estoy sintiendo Dios mío!” Fue por la contundencia de la canción acompañada del video en la pantalla de altísima definición; las explosiones, pirotecnia y efectos a cargo de F/X, la empresa que, entre otros, ha producido las ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos, el Mundial de Fútbol y efectos especiales para Hollywood y Las Vegas; y, el sonido envolvente Surround que copa los cuatro costados del parque. Si por esta histeria se acabaron algunas neuronas y se lastimó la garganta, la excusa fue justificada.

A continuación, les presento el video que lo capté desde mi celular:

Casi enseguida llegó “Mother” para apaciguar el estado casi demencial de muchos impactados. Y luego, la más añeja de todas “Set The Control For The Heart Of The Sun” acompañada de los primeros videos de Pink Floyd en blanco y negro.

Tras los saludos, con “polla" en la mano, en un español muy precario, Mr. Waters se enfiló hacia “Shine On Your Crazy Diamond”, con coro cantado nuevamente por la audiencia, mientras el espíritu de Syd Barrett rondaba el parque.

Siguió con la energética “Have A Cigar”, hasta que las lágrimas brotaron y los celulares se marcaron para llamarle a algún ser querido y decirle “escucha esto es para ti” cuando empezó “Wish You Were Here”, mientras levantaron sus brazos para acercar más el sonido al móvil. Otros, en cambio, entre sollozos optaron por el silencio y el recuerdo de algún ser querido que ya no está en este mundo, pero que si viviera, seguro hubiese estado ahí. La seductora y dramática melodía se convirtió en el segundo climax de la noche.

El video de la canción mírelo usted mismo:

Arriba en el escenario, seis instrumentalistas y tres cantantes acompañaron con la precisión milimétrica que exige un perfeccionista como Waters. El concierto fue perfecto en todo sentido: artístico y técnico. La sincronización entre intérpretes, video, sonido y pirotecnia comulgó con el cielo despejado y el público entregado por completo.

Speak To Me

Después les tocaron a los temas más waterianos: “Southhampton Dock”, “The Fletcher Memorial Home” y la bella balada “Perfect Sense” de “Amused To Death”, en la que el video de un submarino lanzando misiles nos introdujo en el segmento político de la noche. Entonces Roger habló en su inglés británico para presentar una de las canciones más comprometidas que ha escrito: “Leaving Beirut”. Presentó este largo tema contando una historia de cuando tenía 17 años y había viajado a Líbano. La canción toca el obsesivo asunto de la guerra y vapulea al militarismo norteamericano, británico e israelí, al tiempo que un video animado con la letra de la canción acompañó este cuento gráfico. Ha sido la canción más controvertida de su gira y la que le ha valido críticas cuando la ha cantado en Estados Unidos e Israel. (A continuación, vea el video de la presentación de este disco).

Sin embargo, la mayor controversia política se dio enseguida con “Sheep”, cuando por un costado del escenario se elevó un cerdo de diez metros de largo y sobrevoló el parque pintado con mensajes como “El patrón Bush visita el rancho de Colombia”, “Libre al fin”, “Paz-Colombia”, “Devuélvanle la tierra a la gente” y “Kafka tenía razón”. En el escenario tronaron los gritos alargados de Waters y las fotos de Bush se mezclaron con las de Bin Laden y Stalin, entre otros. Los gritos al unísono de la gente contra el hombre más poderoso del mundo provocaron el tercer climax cuando el chancho fue soltado y se perdió por los cielos bogotanos. (Ver el video de "Sheep).

La primera parte llegó a su fin con la audiencia extasiada cuando el bajista de Pink Floyd anunció la pausa de 15 minutos para volver con el plato fuerte de la noche: The Dark Side Of The Moon de principio a fin.

Breathe

En este tiempo para tomar un respiro y ordenar las ideas, un grupo de cuencanos nos reunimos para comentar la maravilla a la que estábamos asistiendo como una especie de privilegiados y escogidos para visitar este edén fugaz e inolvidable. Las lamentaciones fueron para los que no pudieron venir a esta peregrinación a La Meca rockera. Mientras las dilucidaciones de tanta belleza nos llevó a hablar en voz alta, una enorme luna copó la pantalla y los sonidos retumbantes de los latidos del corazón, a través de los parlantes ubicados alrededor de la gente, anunciaron que habíamos ingresando al lado oscuro de la luna.

The Dark Side Of The Moon

No se puede aportar más a los elogios de una obra perfecta de la música que lleva este título y de la cual tanto se ha escuchado, hablado y escrito. Pero si podemos hablar de lo que fue vivirla en concierto.

Debo escribir en primera persona porque, a excepción de “Money”, todo lo demás lo admiré en silencio y al borde de la catarsis espiritual. A momentos tomándome la cabeza con las manos, a ratos abrazando emocionado a Ofelia y a ratos callado y estático, disfrutándolo, solo eso, disfrutándolo.

Capítulos aparte merecen señalarse para el mejor momento del sonido envolvente que lo puso “On The Run”, tres minutos y medio de locura instrumental, donde los sonidos brotaron de todas partes en una versión un tanto diferente a la original. Fue como estar en un gigantesco home theater. “The Great Gig In The Sky” fue un transporte a otro mundo. “Money” puso a todos a cantar, mientras “Us And Them”, esa balada psicodélica con efectos de eco, elevó las emociones hasta el espacio sideral.

Con “Eclipse” se cerró esta magnifica y perfecta ópera rock cantando todos “I’ll see you in the dark side of the moon”. Al mismo tiempo, en lo más alto del escenario, un prisma brillante, símbolo del álbum conceptual más vendido de todos los tiempos, proyectó un haz del arco iris que viajó tocando a los asistentes que lo recibieron a manera de comunión con los brazos en alto. Si la primera parte tuvo momentos cumbres, esta segunda fue un nuevo y muy, muy largo apogeo.

“Roooger, Roooger, Roooger” fue el coro de veinte mil gargantas que pedían y sabían que había más.

El único bis trajo “The Happiest Days Of Our Lives” y a Rogelio presentando personalmente a un coro de niños de la Alianza Educativa de Bogotá que cantaron con todo el parque “Another Brick In The Wall”. Despedidos los niños con un beso afectuoso, el bajista, pocas veces visto como ahora de muy buen humor, enfiló hacia sus tres últimas composiciones: “Vera”, “Bring The Boys Back Home” y el delicioso postre de “Comfortably Numb” que volvió a arrancar lágrimas de felicidad y tristeza, sentimientos encontrados porque cosa tan buena llegaba a su fin y por la belleza y espectacular ejecución de la canción.

Las luces se apagaron y tras una larga ovación, el músico se despidió cometiendo su único error. En su destartalado español dijo: “Y finalmente, feliz cumpleaños maestro Gabriel García Garcés”. Risas y perdones para decirle adiós, al filo de las 10 de la noche, al culpable de tanta felicidad.

Any Colour You Like

Caminar unas diez cuadras acompañados de una amable pareja de jóvenes hasta encontrar un taxi; compartir con Sebastián, un educado y afectuoso joven de 19 años, estudiante de la Universidad Javeriana, pinkfloydiano como todos los que fuimos; y, haber sentido el calor y la cultura de los bogotanos fue el cierre de este periplo que esperamos contarles a nuestros nietos, algún día, como una de las cosas más bellas que hemos vivido.

Al día siguiente, en el cuarto de preembarque del aeropuerto, uno a uno llegaron los cuencanos con un pocas veces visto chuchaqui feliz. Algunas frases capturadas fueron las del Buho Domínguez: “Puedo morir en paz”; de Martín Cobos: “Esto valió cada dólar que me costó”; o, de Cuky Ordóñez, el empresario que llevó a un grupo: “Después de esto, acepto propinas”.

En lo personal, no hemos podido encontrar las palabras exactas para expresar lo que sentimos en realidad. Solo escribiendo esta larga nota nos liberamos de esa ansia de querer contarlo. Otra cosa es haber estado ahí y durante casi tres horas haber sido eclipsados por quien ha formado parte fundamental de nuestras vidas.

domingo, marzo 11, 2007

Cuencanos eclipsados en Bogotá (parte 2)

La mañana del viernes 9 de marzo de 2007 en Bogotá, sorprende a más de un centenar de cuencanos; la mayoría de ellos amanecidos en algún antro, Una llamada a sus cuartos de parte de los guías turísticos les recuerda que los están esperando. Muchos, tratando de recuperar fuerzas para el concierto de la noche, deben realizar un esfuerzo para acicalarse y, medio somnolientos, subir al bus que los lleve al city tour.

Time

Bogotá se extiende por una enorme sabana rodeada de montañas. Se fundó 19 años antes que Cuenca. Tiene más de 7 millones de habitantes y en estos días se preparaba a recibir al presidente norteamericano George W. Bush, por lo que la presencia policial y militar era impresionante.

El bogotano es muy amable y colaborador con los visitantes. Por su dialecto, uno puede pensar, en principio, que está conversando con un amanerado. Pero no, esa es la jerga del residente en la capital colombiana.

Al salir a las calles una de las primeras impresiones para el ecuatoriano es la inmensa cantidad de taxis modelo Atos: pequeños, económicos, rápidos y nuevos. El tráfico es un dolor de cabeza -¿y en dónde no?- para sus autoridades, pese a contar con un nuevo sistema de transporte con carrilles preferentes.

Para llegar del norte, la zona donde se alojó la delegación cuencana, al centro de la ciudad, nos tomó más de una hora, que sumada al atraso de los malanochados, conspiraba con los planes de algunos que esperaban pasar por un mall antes del concierto.

El Museo de Oro es impresionante. Miles de piezas precolombinas toman sentido cuando el guía sabe comunicar. Y en este caso, por suerte, el nuestro fue muy bueno. Luego, la caminata por el centro histórico, el monumento a Bolívar, la catedral, el edificio de la Corte de Justicia (me vino a la mente el asalto sangriento, hace dos décadas del movimiento M-19), el Congreso, el Palacio presidencial de Nariño, donde nos advirtieron que no se podía caminar por la vereda, en demostración de respeto al presidente y como medida de seguridad. Por supuesto, nada de fotos. A esta altura del tour, muchos rockeros apáticos se habían esfumado del grupo.

El apremio por el tiempo escaso que restaba se acentuó con la inútil parada de media hora en una tienda de esmeraldas que terminó por impacientar a los que quedaban. Sobre la una de la tarde visitábamos la emblemática y acogedora Quinta Bolívar, donde pasó varias temporadas el libertador venezolano junto con la quiteña Manuela Saenz durante el siglo XIX.

Dos y quince de la tarde, sin almorzar y con algunos que no tenían entradas a Golden o Platinum que eran numeradas, obligaron al bus a ir directamente al Parque Simón Bolívar, con otra hora más de viaje, comer algo al paso y buscar una buena ubicación.

Money

El costo de las boletas, como las llaman los colombianos, fue prohibitivo para la gran mayoría de los pinkfloydianos. Muchos se quedaron con las ganas porque no pudieron reunir los 85.000 pesos (40 dólares) que costaba la lejana localidad de General. Ni se diga con la Preferencia que costaba 165.000 pesos (75 dólares); Platinum que llegó hasta a 370.000 pesos en las boleterías (175 dólares); y, 490.000 las Golden (275 dólares).

Si alguien tuvo tiempo para comprar algo en un mall, como el Unicentro, igual se dio de bruces con los elevados precios. Por ejemplo, un jean americano no vale menos de 80 dólares; y, los acreditados productos textiles colombianos tenían precios mayores a los que se encuentran en los almacenes ecuatorianos.

Para ir a un buen bar o restaurante había que llevar muchos pesos. Una hamburguesa y una cerveza en el Hard Rock de Bogotá cuesta 15 dólares y una gorra 20 dólares.

On The Run

Correr o caminar rápido fue la alternativa para llegar a las puertas del Parque Simón Bolívar. Los anillos de seguridad de la policía cerraron el paso de vehículos a varias cuadras, peatonizando las avenidas circundantes. Entre el sitio en el que nos dejó el taxi y el de nuestro asiento debió haber unas quince cuadras.

El clima estuvo de nuestro lado. Si bien se sintió el frío bogotano, tampoco llovió. A la hora del concierto pocas nubes cubrieron la ciudad.

La organización fue cosa seria y muy profesional. La policía se desplegó por el sector externo, mientras que cientos de jóvenes con chalecos amarillos guiaron, ayudaron y ubicaron a cada asistente, siempre con amabilidad.

Las camisetas conmemorativas literalmente se volatilizaron. En pocos minutos se acabaron todas para despecho de muchos que se quedaron con las ganas de comprarse ese recuerdo.
Ya adentro, los cuencanos se reencontraron para sacarse fotos y compartir anécdotas del viaje. (En la foto superior, Foco Calderón y los hermanos Correa López: Boanerges, Pablo y Pepe).

En el enorme escenario resaltaba la pantalla de 28 por 18 metros en la que se miraba un viejo radio sobre el que descansaba un avión de juguete, una botella de whisky llena hasta la mitad y un vaso con la bebida. (ver foto).

A las 18h15, por los altoparlantes se anunció la lamentable noticia de que el músico colombiano Chucho Merchán, quien había tocado con David Gilmour y The Who, no abriría el show; pero también confirmaba que Roger Waters estaba listo para salir al escenario a las siete y quince de la noche.

Canciones de Tom Petty y Bob Dylan se emitían desde los parlantes, mientras muchos se reunían en grupos, cuencanos incluídos, para peguntarse, entre otras cosas, si lo que veían en el escenario era una foto de alta definición o una valla de publicidad del whisky cuya botella se exhibía.

La incógnita se despejó con una enorme sorpresa. A las 19h16 una mano perezosa apareció en la pantalla, empezando a mover el dial del radio, mientras sonaba un pedazo de “Dancing Queen” de ABBA, para quedarse con “Hound Dog” de Elvis Presley. Se trataba de la pantalla de leds más grande que haya venido a un tour en Latinoamérica.

El efecto provocó una enorme admiración de todos. La energía contenida por toda una vida, se desató para recibir al gran “Rogelio Aguas”.

(Continuará)

sábado, marzo 10, 2007

Cuencanos eclipsados en Bogotá (parte 1)

Es sábado 10 de marzo. Nos sentamos a escribir esta nota, bajo el calor del hogar y al regreso de la peregrinación a Bogotá, en donde más de cien cuencanos abordamos la nave psicodélica de Roger Waters rumbo al lado oscuro de la luna. La siguiente es la historia:

Us And Them

Compartir un viaje en grupo es altamente entretenido. Así resulta al menos durante la ida. Sesenta de los setenta pasajeros del retrasado vuelo de Aerogal del jueves 8 por la tarde a Quito íbamos a ver en vivo a Waters. Saludos y la misma pregunta “¿Vos también vas al concierto?”. Los grupos de amigos o parientes entrecruzaron comentarios de lo que se va a presentar al día siguiente. Las rosas, con las que la azafata recibió a las mujeres por celebrar su día, sobraron ante la exigua presencia femenina. Ya en Quito nos encontramos con más cuencanos que iban en Avianca al país vecino. Además habían otros que viajaban el mismo día del evento. Después del demorado paso por migración, esperaba el vuelo de una hora diez minutos que nos depositaría en la capital colombiana.

The Great Gig In The Sky

Ni bien se apagaron los avisos de abrocharse los cinturones, varios de los viajeros sacaron a flote una de las características que definen al morlaco: su afición al alcohol, que empezó a fluir por el pasillo del tubo volador a 30.000 pies de altura. Cuky Ordóñez, empresario turístico, invitaba whisky solo al grupo a su cargo. Así les había prometido cuando les vendió los viajes.

Una de las presencias más notorias, sobre todo por el alto volumen de su voz fue la de los hermanos Correa López: Pablo, Pepe y Boanerges que se encargaron de canalizar la comunicación. Más adelante, iba un trío de entrados en canas y fogueados en lides rockeras, Tilico Carrasco, Carlos Salazar y Gardo Flándoli. Y más allá, Manuel Vega y familia. Atrás se ubicaban los más relajosos y ocurridos. De pronto, cundió el pánico entre los cuencanos: alguien leyó en diario El Tiempo de Colombia que se había decretado la ley seca hasta el domingo por la llegada de George Bush a Colombia. La necesidad, madre de la imaginación, provocó la idea de proveerse de trago a través del duty free del avión y hasta otro pasajero que dijo “siendo así, mejor nos regresamos”.

Llegados al aeropuerto internacional El Dorado, pasados los filtros, aliviados y aclarados por los guías turísticos de que no hay ley seca, los cuencanos fueron repartidos en varios hoteles y, muchos de ellos, aprovecharon para perderse por los inumerables recovecos que ofrece la vida nocturna bogotana. El siguiente día esperaba con el supremo motivo de su visita: Roger Waters en el enorme parque Simón Bolívar, presentando The Dark Side Of The Moon.

(continuará)

martes, marzo 06, 2007

Vuelve la pasión, vuelven los Héroes

Cuando se encontraban en el cenit de su carrera se presentaron en Cuenca, a mediados de los noventas, los Héroes del Silencio, por entonces, una de las bandas más importantes de Europa. Demasiado, quizás, para una comunidad tan pequeña como la cuencana.

Los afiches que anunciaban su gira “Avalancha” inundaban las calles de la ciudad. Un desentendido turista europeo no podía creer que aquello ocurra en una casi escondida ciudad de los andes americanos, a la que, hasta entonces, solo llegaban artistas latinoamericanos en decadencia.

Lo que no sabían mucho era que los Héroes, para entonces, arrastraban a miles de seguidores y fanáticos del rock bien interpretado, gracias, hay que decirlo, a la única radio que los promocionaba: la Super 9'49. En nuestro país se presentaron primero en Quito, en el coliseo Rumiñahui, ante cuatro mil personas. Luego vinieron a Cuenca, con seis veces menos de población que la capital de la república, lo que no era buen augurio para los empresarios organizadores. Pero no, fueron más de seis mil los asistentes que vibraron con la fuerza expresiva de Búnbury y los suyos.

Más de diez años después de ese concierto en el Coliseo Mayor, todavía sus asistentes tienen fresca la memoria del inolvidable momento que pasaron: ese frente a frente con el explosivo grupo que estremeció con su poderoso sonido y el show aparte de su dramático cantante. “Héroe de Leyenda”, “La Chispa Adecuada”, “Entre Dos Tierras”, “La Herida” o “Iberia Sumergida” fueron sus éxitos más coreados.

¿Cómo un flaco pálido y melenudo puede sacar ese tremendo vozarrón y lanzar semejantes exclamaciones? -recuerdese aquella "¡Avalaaanchaaa!-, ha sido una de las preguntas que siempre me he hecho.

En la pista del coliseo, en cada canción había un grupo de rockeros, pequeños de estatura, vestidos de negro, alcoholizados o drogados –que es lo mismo-, casi no vieron el recital. Se abrazaron y se empujaron entre ellos con la mirada hacia el suelo. Vaya forma de disfrutar el evento.

Dos horas de descarga rockera. Canciones coreadas por los asistentes. Un botellazo que pasó silbando a Búnbury. Bis y otro bis. Para los Héroes quizás fue un concierto más de su agitada expedición que dejó el nombre de Cuenca inscrito en el posterior álbum en vivo “Parasiempre”.

Al día siguiente, era sábado. El único vuelo salía a las nueve de la mañana. Llegaron al aeropuerto Mariscal Lamar en una furgoneta blanca del Hotel La Laguna. Se bajaron rápidamente. La mala noche se dibujó en sus caras. Con mi grabadora en mano pude sacar unas cuantas palabras a Búnbury, Juan Valdivia y Pedro Andreu, además de un autógrafo en el disco “Avalancha”. Se metieron en la sala VIP y se fueron.

Hoy en 2007, una década después de su separación, la noticia de su “come back” ha vuelto a conmover a sus discípulos. Por el momento, serán diez conciertos por Latinoamérica y España. Las entradas que empezaron a venderse el primero de marzo, se agotaron en pocas horas.

¿Si vienen a Ecuador? O mejor, ¿a Cuenca? A estas alturas no depende tanto de los empresarios. Sino de los propios Héroes. Solo ellos escogerán sus escenarios después de su prolongado período sabático. La misma pasión, la misma avalancha y la misma leyenda están garantizadas. Crucemos los dedos.

domingo, marzo 04, 2007

La televisión pública, una posibilidad cierta

Para los que estamos hasta la coronilla con las vulgaridades que nos presentan Maritere, Marián o Mariela; para los que no soportamos un segundo novelas tan bobas como "Gata Salvaje" o "Rebelde"; para los que estamos hartos de tanto brujo-estafador que roba aprovechando su charlataría; o, para quienes no aguantamos a Johnatan Carrera con su prosa necrofílica, el proyecto de televisión pública que quiere llevar adelante el presidente Rafael Correa, suena a antídoto ante tanta mediocridad que hoy impera en la tv nacional.

Juan Pablo Vintimilla, periodista de Diario El Tiempo, nos visitó para preguntarnos acerca del proyecto de televisión pública ecuatoriana que el mandatario quiere concretar en los próximos meses. Nuestros comentarios fueron publicados en la edición del día sábado 3 de marzo de 2007 del matutino cuencano. He aquí una transcripcion:

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Uno de los primeros anuncios de Rafael Correa, tras posesionarse como Presidente, fue la creación de un canal de televisión pública para el Ecuador, según su versión con el propósito de originar una televisión distinta, educativa principalmente.

Dos periodistas locales que analizan esa alternativa la consideran importante siempre y cuando el estatuto que lo rige y las personas encargadas de su administración sean profesionales independientes de cualquier influencia política.

Para el periodista Jorge Piedra Cardoso, ex presidente de AER, la necesidad de una televisión pública es cada día más evidente ante la pobreza de contenidos de la televisión comercial y la farandulización de sus espacios.

Piedra sostiene que una televisión pública debería orientarse a educar, informar y entretener, pero con propuestas frescas, contenidos que ayuden a la formación de las audiencias. Según su versión, la televisión británica, BBC, y la reestructuración que está haciendo Televisión Española son dos ejemplos claros de que una televisión del Estado puede ser independiente e incluso en ocasiones ser crítica del Gobierno.

Rosana Encalada, vicepresidenta del Colegio de Periodistas del Azuay, la televisión pública es la gran oportunidad que tiene los medios de dar un giro completo a sus contenidos y a ofrecer trabajos de calidad, no obstante advierte la necesidad de que se mantenga alejada de grupos de poder no solo político, sino económico.

Para Encalada una eventual estación de televisión pública debería orientarse a difundir programas de interés social y educativo, además que, dice, sería el lugar ideal para que productores independientes preparen proyectos alternativos y los planteen.

Ambos coinciden en que los encargados de dar forma a la propuesta deberían ser los periodistas, las universidades y los organismos culturales del país, de manera que se elabore un estatuto que garantice su independencia, pero sobre todo la supervivencia de ese medio y sus propuestas frente a los cambios de Gobierno e ideologías.

En lo que no coinciden los dos periodistas es en la forma de solventarse, para Encalada la posibilidad de crear un impuesto que la subvencione es la alternativa más oportuna “de esa manera la gente se apoderaría del medio y demandaría imparcialidad”, dice.

Por su lado Piedra asegura que ni la cultura tributaria de nuestro país, ni la economía están preparadas para asumir ese tributo, por lo que la mejor alternativa sería que se solvente comercialmente, como los otros medios, pero acepta que en un inicio es probable que trabajaría a pérdida.

Otros críticos y periodistas, como César Ricaurte columnista de El Universo, o Carlos Vera en una columna de opinión en El Comercio, se han manifestado favorablemente sobre la propuesta de Correa. Todos han coincidido en la necesidad de dejar de lado la influencia partidista de éste o de futuros Gobiernos.

Opiniones desde la BBC

Desde el miércoles pasado dos periodistas de la cadena pública británica BBC, Matías Zibell e Iscar Blanco, visitaron la ciudad para dictar una charla sobre periodismo a los alumnos de la Universidad del Azuay y para grabar dos programas en los estudios de Antena Uno.

Consultados por este Diario, los periodistas se refirieron a la posibilidad de un canal público en Ecuador, desde su experiencia dentro de una de las cadenas públicas más prestigiosas e independientes del mundo, la BBC.

Blanco es el que más de acuerdo está con el proyecto, él asegura que todo dependerá de las personas que estén encargadas de la planificación y concepción del proyecto. Una agrupación de periodistas ecuatorianos de trayectoria es a su criterio la mejor opción para dirigirlo “todo depende de que aprendamos a diferenciar lo público de lo gubernamental”.

Según Blanco, el éxito de la BBC se ha originado gracias a la independencia mantenida desde el inicio con el gobierno británico, “muchas veces lo hemos criticado y ciertamente han habido intentos de influir en los contenidos, pero un sólido estatuto lo ha impedido”, dice.

A criterio de Zibell, el contexto político de América Latina impediría la creación de una estación televisiva pública que no se convierta en una herramienta propagandística, “todo dependerá de la apropiación que tenga la gente de ese medio y lo dispuesta que esté a exigir independencia”.
(JPV)

miércoles, febrero 28, 2007

¿De qué “fuerzas vivas” nos hablan?

A propósito del nuevo frente de batalla verbal que ha abierto el presidente Rafael Correa con un sector de Guayaquil, no se ha preguntado usted, ¿quién les nombró “fuerzas vivas” a los que así se autocalifican?

Hoy de nuevo les volvemos a ver a estos personajes salir de sus palacios de la vía a Samborondón para, con la venia de Monseñor Antonio Arregui (léase Opus Dei), decirnos a los ecuatorianos lo que está bien y lo que está mal.

El desfile mediático empezó con la incombustible Joyce de Ginatta con su típica alocución retocada, los eternos dirigentes de las cámaras Rohn y Alarcón, el presidente de la excluyente Junta Cívica, Gonzalo Noboa, y, por supuesto, la plana mayor del apolillado partido Social Cristiano, de la mano del lado encopetado del PRIAN.

Son los mismos señoritos que obligaron a los empleados y trabajadores de sus empresas a marchar por las calles de Guayaquil para apoyar al banquero Fernando Aspiazu. Fue en ese mismo desfile en el que un despersonificado León Febres Cordero, desde los balcones gruñía “Guayaquil no se ahueva, carajo”. Todo por defender a un banquero que perjudicó, tanto a miles de sus clientes, llevándoles a la quiebra y a la muerte, cuanto al Estado, al no transferirle los dineros depositados por los ecuatorianos que pagaban sus impuestos en las ventanillas del Banco del Progreso.

Por “fuerzas vivas” hemos conocido a las instituciones y personas con importancia social y económica, como por ejemplo el cura, el maestro, el médico. Hoy las cosas pueden haber cambiado, aunque no tanto. Otros también pueden formar parte de estas “fuerzas vivas”, pero siempre manteniendo aquello de la jerarquía basada en linajes, poder económico o pergaminos profesionales.

Por lo tanto, hablar de “fuerzas vivas” es hablar de un grupo excluyente. Basta ver cuáles son los que conforman la Junta Cívica de Guayaquil para darse cuenta que es un órgano elitista privado y que, como tal, escoge a sus miembros. Ahí no se encuentran ni los gremios de carpinteros, estibadores, comerciantes minoristas, por solo dar unos pocos ejemplos. En otras palabras, solo unos cuantos toman las decisiones a nombre del pueblo que les mira pasar por las calles céntricas en sus lujosos vehículos con chofer y guardaespaldas.

Por suerte, en el Azuay, si bien hay grupos privados preferentes como el Cuenca Tenis y Golf Club, estos se ocupan de sus asuntos particulares y no se expresan, como no puede ser de otra manera, a nombre de toda la ciudad.

Diferente es el caso aquel que, de tanto en tanto, las cámaras de la producción de Cuenca, dan a conocer sus planteamientos y puntos de vista a nombre de su gremio, pero no tomándose el nombre de la ciudad como ocurre con la Junta Cívica de Guayaquil.

Podremos tener réplicas de doña Joyce, monseñor Arregui y sus pitucos acólitos en Cuenca, pero no los endiosamos en los medios de comunicación. En esto también somos diferentes a los ñaños monos. Gracias a Dios.

lunes, febrero 26, 2007

Meteoro, de carne y hueso

Los hermanos Andy y Larry Wachovski, los mismos que produjeron la famosa trilogía de The Matrix, han vuelto a los estudios de cine en Babeslberg, Alemania para empezar a filmar, a partir de mayo próximo, la adaptación de una de las series de culto más recordadas.
De las memorias audiovisuales de infancia de quienes ahora transitamos por la madurez, no pueden faltar aquellas de “Las Aventuras de Meteoro”, el famoso anime japonés de finales de los setentas que se exhibía en el entonces Canal 5 los domingos a las 18h00.
Entonces, la televisión era en blanco y negro y se encontraba en el proceso de traslado al color. Pese al enorme desarrollo técnico actual, Meteoro fue una aventajada para su época, una especie de The Dark Side Of The Moon para los dibujos animados.
Lo que más fascinaba de Meteoro eran las excepcionales prestaciones del Mach 5, el auto Gran Turismo, diseñado por su padre: sierras delanteras para eliminar cualquier obstáculo, llantas con protección para todo terreno, posibilidad de convertirse en submarino, entre otras. Sin embargo, la más impresionante era aquella que le permitía dar grandes saltos para salvar todo tipo de obstáculos, acompañada de un efecto de sonido inolvidable.
Se le suma a esto la temática del cartoon: Meteoro, un joven corredor de autos que competía tanto en circuitos como en el desierto en el hermoso y deseado Mach 5, un prototipo en esa época y en la actual; su hermana Trixie; su misterioso hermano mayor, el Corredor Enmascarado, que también conducía y ayudaba a Meteoro en los momentos más peligrosos; su hermano menor Chispita con el chimpancé Chito encargados de darle el toque gracioso; y, por supuesto, los villanos infaltables para mantener la atención de millones de televidentes durante media hora.
Otro ingrediente fue la música, sobre todo, la imborrable banda sonora que acompañaba a las competencias automovilísticas.
Ahora Meteoro vuelve de carne y hueso. La ilusión de toda una época le garantiza muchos seguidores. Los amos del merchadising, que ya ha rendido muchos ceros a la cuenta de sus creadores, desde ya se frotan las manos.
¿Y a quién no le gustaría tener en el aparador de su estudio un modelo a escala del Mach 5 y, de vez en cuando, elevarlo con la mano, acompañado del sonido “shick, shick, shick…” y hacerlo saltar del escritorio a la mesa?

viernes, febrero 23, 2007

Con Delfín hasta el fin de sus 15 minutos de fama

Un grupo de jóvenes aniñados de Guayaquil delira y se divierte ante un indígena de Chimborazo que canta y baila la canción del tecno folclor andino “Torres Gemelas”. Lo contrataron por 750 dólares para un concierto privado en una de las mansiones de la exclusiva ciudadela La Puntilla de Samborondón. Es Delfín Quishpe, o simplemente Delfín.

A él lo conocieron no precisamente por medios convencionales como la radio o la televisión, en donde, hasta ahora, no tiene mayor espacio en nuestro país, sino a través de You Tube, la web gratuita que permite colgar a cualquiera videos, desde lo más casero hasta trailers de las películas del momento.

Ahí, los webmasters de la página www.estrellasecuatorianas.com colgaron, desde el pasado primero de diciembre, el videoclip en el que cuenta la historia de una enamorada que muere en el World Trade Center. Desde entonces, su video simplón, que combina imágenes del 11-S de fondo mientras él canta y baila un ritmo alegre, ha sido visto más de seiscientas mil veces.

Cuando lo observé por primera vez, casi me morí de la risa. Es que un tema tan dramático es tratado con total desenfado (la música es alegre, casi infantil, para empezar); la canción no rima; la letra, aparte de las terribles fallas gramaticales, tiene la frase tragicómica “sé que te quedas ya sepultada en los escombros de Torres Gemelas”; el video es un insulto para cualquier realizador –ni siquiera hay concordancia entre audio y representación; y el mismo Delfín se presenta vestido casi como un payaso, con sombrero vaquero y traje blanco de cuero con enormes letras que hacen alusión a su nombre y al Ecuador.

¿Cómo explicar entonces su fenomenal éxito en Internet? Me atrevo a decir que la canción y el video son tan malos que finalmente llegan a ser algo bueno o llamativo, con lo cual cumple uno de los mandamientos kitsch –y lo de Delfín es eso, ciento por ciento-.

O como dice un bloguero: el éxito de Quishpe es por una maldición que consiste en que quien ve el video le comenta a un amigo y éste, llevado por la curiosidad, lo mira y le cuenta a su vez a otro amigo, produciéndose una interminable cadena.

“Delfín hasta el fin”, dice su slogan, ha combinado su afición a la música con las ventas ambulantes en Guamote, el pueblo que lo encontramos a mano izquierda, cuando terminamos de atravesar el desierto de Palmira, rumbo a la sierra norte. Este puede ser el antecedente que justifica su puerilidad e ingenuidad frente a cualquiera que se sienta herido por el video.

Sin embargo, la parte negativa de todo esto no está en la calidad artística, sino en las repercusiones y comentarios racistas que ha generado Delfín, lo que afirma, una vez más, cuánta xenofobia existe y se propaga por Internet.

Ahora bien, entre Britney Spears, las Spice Girls, Paris Hilton, RBD, Rebelde o como se llamen los patéticos mexicanos; o Delfín Quishpe, me quedo con el nuestro. Al menos él escribe las canciones, aunque nos causen mofa y se le nota un poco más auténtico. Al final, si hasta estoy pensando en pasar “Torres Gemelas” a mi i-pod, para reirme de la vida y de mi mismo. La frase que más gracia me causa es la que me sirve para cerrar este blog: ¡No puede ser… Noooo! ¡Ayayayyy!

miércoles, febrero 21, 2007

Carnaval con la garganta atorada

A quien le tocó viajar a Gualaceo, Paute, Chordeleg o Sigsig durante la mañana del domingo de carnaval debió tener primero: una enorme dosis de paciencia; y, segundo: aire acondicionado en el carro, si no estaba condenado a recibir baldazos y bombazos de agua de parte de los carnavaleros de la carretera y llegar a su destino completamente empapado.

El atoramiento de vehículos se iniciaba 300 metros antes del puente de Guangarcucho. El primer cambio de genio lo provocan los “listos” que se burlan de la fila, avanzan vertiginosos y se cuelan a la fuerza cuando asoma otro vehículo en contravía. Luego, los “giles” que cumplimos la única hilera posible, nos damos cuenta que a lado derecho, carril prohibido para aventajar y al borde de la cuneta, va llegando otra legión de “vivos” que arman otro carril. De pronto, nos pasa un bus de “Express Sigsig” a menos de diez centímetros poniendo a temblar a todos porque casi nos fue rozando. Y ahí sí, estamos al borde del altercado que no se produce porque al final las columnas avanzan perezosamente hasta El Descanso. Allí, policías despistados pedían papeles a cada uno de los miles de choferes que a esa altura ya sumaban media hora de atraso. Y eso que apenas habíamos llegado a la boca del Tahual.

Cruzar la estrecha garganta del Tahual y La Josefina lentamente no es muy estimulante que se diga para quien vivió de cerca, y en esos lugares, la tragedia provocada por el deslave del cerro Tamuga en 1993. Lo único que uno anhela es terminar de pasar en medio de esos frágiles riscos y la enorme montaña de alfeñique, mientras se contiene la respiración y las baladas de Coldplay tratan de aliviar el malestar.

Pero no, a 500 metros de La Josefina, de nuevo el tráfico frenado y otra vez los “vivos” y las iras de todos. Otra media hora más perdida hasta pagar el dólar. Ese día pasaron por ahí 7.740 vehículos, un récord para una vía de un solo carril de ida y otro de vuelta.

Luego del peaje, el tráfico avanza con una lentitud que impacienta, hasta que se llega a Gualaceo. En su primer redondel, dos policías desvían el tráfico, “porque hay un desfile” en la vía principal, la Jaime Roldós. Otra media hora más que obliga a atravesar por medio del balcones y azoteas llenas de carnavaleros a la caza, sus dos abarrotados mercados, el calor sofocante y la incertidumbre por la falta de señalización.

Por fin regresamos a la vía principal y de allí hasta La Playa del Sigsig, nuestro destino, otra media hora más aunque sin tardanzas. Ahí esperaba la fiesta del carnaval familiar. Tanta espera finalmente valíó la pena. Una celebración así solo se da una vez al año, aunque para el próximo tomaré la carretera El Valle-La Unión que, aunque está destrozada como casi toda nuestra vialidad, es preferible al padecimiento de franquear el Tahual y La Josefina en hora y media.

domingo, febrero 18, 2007

Cuenca la aburrida, bajo su decrépito abolengo

A mediados de 2004, el diario Hoy publicó que la ciudad de Cuenca es, para los turistas, linda pero aburrida. El diagnóstico ordenado por la Corporación de Turismo indicaba que el promedio de permanencia en la ciudad es de apenas dos días y medio.

Aquello de aburrida se refiere en general a la vida nocturna. Y es que, muchos paseantes guardan fuerzas para las emociones fuertes que esperan encontrar en bares, discotecas o burdeles.

En cuanto a tabernas y lugares de baile, la oferta ha crecido desde esa fecha sin duda. Hay establecimientos de muy buen nivel que ofrecen buena comida, diversión, música en vivo y promociones atractivas. La mayoría están ubicados en el centro histórico con las consiguientes molestias a los vecinos.

Pero acerca de esa otra diversión, la sexual, que buscan sobre todo los visitantes masculinos, Cuenca sigue siendo entonces un pueblo retraído. Más allá de las infelices y marchitas mujeres que se venden en las calles del Terminal Terrestre, Chola Cuencana o 9 de Octubre; de los malolientes prostíbulos del sector de los Tanques de Agua o barrio Cayambe; de algún burdel escondido en el subterráneo de un edificio; o, del restringido servicio vía celular de “acompañantes”, nuestra sociedad seguirá despertando bostezos si de este tipo de esparcimiento se trata.

Podrá decirse que Cuenca es una ciudad muy progresista. La mayoría de sus habitantes ideológicamente está ubicada del centro izquierda hacia la izquierda. Pese a esto, el cuencano no es un “open mind” (mente abierta). Sigue manejando su vida bajo costumbres conservadoras y atávicas. Las palabras “señorío”, “prosapia” y “alcurnia” todavía son utilizadas para exaltar a algún político necesitado de “buenos” adjetivos –recuérdese las ridículas alabanzas en el canal 2 de tv en la campaña política gratuita del padre César Cordero Moscoso a favor de su pariente candidato derrotado a la a reelección en la alcaldía; o, los remitidos de los pro-hombres suplicando el voto por el mismo candidato bajo parecidas argumentaciones-.

¿Estamos cambiando los cuencanos? O más bien ¿seguimos manteniendo los mismos valores tradicionales? Para ir más directo: ¿Aceptaríamos que nuestros hijos se casen con alguien considerado de una “casta” inferior a la nuestra, así sea una buena persona, buen profesional y prometa felicidad y prosperidad; o preferimos a quien por delante presente un apellido hispánico bien valorado por esta sociedad mojigata e hipócrita, así éste sea un inculto, alcohólico y soez?

martes, febrero 13, 2007

Mi frase favorita del profe Kapu

“Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”.

La irrevocable frase es de Ryszard Kapuscinski, escritor, periodista, maestro y ensayista polaco recién fallecido el pasado 23 de enero. Se la encuentra en su obra “Los cínicos no sirven para este oficio”, manual obligado de la ética de la comunicación.

Tomamos la máxima para generalizarla a todas las profesiones. No solo los periodistas deben ser buenas personas para ejercer su oficio. Desde el acucioso cirujano en cuyas manos está la vida del paciente, hasta el taxista que cobra la tarifa justa, todos los trabajos tienen su deontología que comulga en la bondad del ser humano.

De ahí que nos preguntamos ¿qué es preferible: un viejo curuchupa honrado o un joven izquierdista desvergonzado? Dicho en otras palabras, ¿en dónde está el verdadero valor de las personas: en su ideología o en su integridad?

Ante el conflicto que representa en estos días escoger a los ciudadanos que ocupen puestos en la administración pública del gobierno del presidente Rafael Correa, vemos que, en la mayoría de los casos, el tradicional e impúdico palanqueo está en casi todas partes.

Ya habíamos aludido en anteriores ocasiones a los chuchumecos o goleadores que, aprovechando de su oportunismo, revolean sobre los ministerios y gobernaciones, cual aves de rapiña para atrapar la presa deseada.

De ahí que el contenido de la frase del profesor Kapuscinski debe servir como el requisito más importante conjuntamente con la adecuada preparación y especialización para que los secretarios de estado y gobernadores sepan escoger a los nuevos funcionarios públicos.

Se puede averiguar si honran sus deudas, si pagan lo justo a sus empleados, si no tienen antecedentes penales, si no han sido denunciados por sus esposas por maltrato doméstico, si son adictos al alcoholismo u otra droga o si fueron buenos estudiantes en su carrera formativa; por mencionar algunos ejemplos.

La tarea no es fácil, aunque sí es posible en una sociedad cerrada y curiosa como la cuencana en la que todavía podemos decir que conocemos algo del entorno del nuevo funcionario.

Para quienes se estrenan en la administración pública les dejo otra frase del inolvidable Kapuscinski: “La mía no es una vocación, es una misión”.

sábado, febrero 03, 2007

El gato vuelve a ronronear

Su cálida voz y sus melodiosas canciones han acompañado a los cuencanos veinteañeros de los setentas y ochentas. En ese tiempo, igual que ahora, había música buena y música desechable. Y la de Cat Stevens encaja en la primera.

Casi tres décadas después, uno no se cansa de oir “Father And Son”, “Oh Very Young” o “Peace Train” por nombrar, casi al azar, tres de sus portaestandartes.

Entonces, la música se escuchaba en equipos de música –radiolas-. Los formatos eran el vinilo y el casete. Luego llegó el walkman –el i-pod de esos tiempos- y los equipos de música para los vehículos, todo un lujo, porque pocos eran los que tenían carro y menos aún los que los equipaban con buen sonido.

Reunirse una soleada tarde de sábado o una fría noche de fogata con amigos alrededor de una camioneta con las puertas abiertas y escuchar la colección de grandes éxitos del británico fue una costumbre de esos tiempos.

La canción más frecuentada era “Wild World”, a más de las arriba mencionadas. Su música era balsámica. Apaciguaba al rockero más radical y ejercía un poder hipnotizante y seductor con las chicas.

A inicios de los ochentas Cat Stevens fijó sus metas espirituales y decidió convertirse al islamismo, después de un accidente en la playa de Malibú, California –casí se ahoga-. Con el Corán bajo el brazo, adoptó el nombre de Yusuf Islam y le dijo hasta luego a la música occidental.

A los que nos gustan sus melodías, los siguientes años nos tocó rescatar desde sus primeras grabaciones hasta “Back To Earth”, pasando por la poco digerible “Numbers” y la latinizada “Izitso”. Así descubrimos maravillosas canciones como “Moonshadow”, “How Can I Tell You” o “Last Love Songs”.

En 2004 se editó “Musikat”, un dvd que recoge un concierto de 1976 en Estados Unidos, videoclips, entrevistas y otros extras. El video se puede conseguir sin mayor esfuerzo a $1,50 la copia pirateada. A través de la popular página de You Tube también se pueden ver algunas de sus perfomances.

A finales de 2006, Yusuf decidió volver a ser Cat Stevens y lanzó el cd “An Other Cup”, en el que si bien no se aleja de la onda mística, nos entrega diez nuevas composiciones y el admirable cover de “Don’ Let Me Be Misunderstood” de Nina Simone, pero más conocido por la ejecución de los Animals y Santa Esperalda; cuya letra aprovecha para explicar a los que todavía no entienden su mutación intelectual.

¿Cómo suena Cat Stevens, perdón, Yusuf, 28 años después? Su voz sigue siendo muy afectuosa y un poco más grave. Sus canciones son igual de minimalistas, originales y gustan a la primera escucha. Las letras, si bien no se alejan de Alá, tampoco deben afectar a quien tenga la mente abierta.

Para los nostálgicos del romanticismo de aquel muchacho que vivía a una cuadra del Picadilly Circus de Londres, hijo de un griego ortodoxo y de una sueca metodista, educado en un colegio católico, hippie buena onda, que ha vivido en Jamaica, Brasil y en medio mundo musulmán; les recomendamos dos canciones “Greenfields, Golden Sands” y “Maybe There’s A World”.

Algunos pensarán que vuelve por el dinero. Él ha dejado en claro al indicar que fue su hijo el que le instó al entregarle de nuevo una guitarra. Además, con los sesenta millones de discos vendidos, plata no le faltará al nómada –gato al fin- de la voz aterciopelada.